Del puro coraje, casi avienta el celular contra la pared. Si no hubiera renunciado, habría sido ella la que diera ese discurso, ella sería la que estuviera brillando en la pantalla. Toda la culpa era de Elena por robarle sus oportunidades.
***
Al terminar la cumbre, Elena se quedó esperando en la entrada del salón a que Alejandro terminara de socializar para irse a cenar.
Adriel, Elías y Enzo se despidieron de unos colegas y se acercaron a ella.
—Elena, yo te llevo. Súbete a mi coche —se adelantó Enzo.
—No, muchas gracias —respondió Elena con una sonrisa—. Estoy esperando a alguien.
Como Enzo no sabía nada de lo suyo con Alejandro, le preguntó con curiosidad:
—¿A quién esperas?
Adriel se dio cuenta de que Elena no tenía ningún interés en Enzo y se apresuró a jalarlo para llevárselo.
—Seguro Elena tiene asuntos de trabajo que atender, mejor no la interrumpamos. Vamos, yo te invito a cenar algo.
Y así, se llevó a Enzo a la fuerza.
Elena esperó cinco minutos más hasta que Alejandro salió. Se subieron juntos al elevador rumbo al estacionamiento subterráneo.
Ya en el carro, Alejandro le preguntó:
—¿Se te antoja algo en especial?
Elena lo pensó un momento.
—¿Qué tal una sopa de fideos?
—Justo pensaba en lo mismo —sonrió Alejandro.
Eligieron un restaurante que les quedaba de paso. El local ya tenía sus años, y aunque no era hora pico, seguía lleno de clientes.
Como no había mesas privadas disponibles, tuvieron que sentarse en el comedor principal.
Elena pidió un plato de fideos con pollo, y Alejandro ordenó un caldo de camarón.
El mesero les trajo sus platillos. Alejandro agarró los condimentos de la mesa con mucha naturalidad y le preguntó:

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