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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 249

En la habitación del hospital, Isidora miraba a Alejandro con ternura.

—Alejandro, muchísimas gracias por venir ayer. Si no fuera por ti, jamás habría logrado salir viva de ese incendio.

Alejandro estaba sentado en el pequeño sofá, con una expresión de puro hielo.

—Isidora, te agradezco infinitamente que hayas salvado a mi madre, pero quiero que le dejes las cosas claras a ella: tú y yo nunca nos vamos a casar.

Los ojos de Isidora se llenaron de lágrimas, pero reprimió la rabia y el orgullo.

—Yo sé perfectamente que anoche solo viniste a usarme como cebo para acorralar a tu tío.

Él había dejado que su madre filtrara el rumor de su compromiso con un único fin: hacerle creer a todos que ella era su punto débil.

Por eso los matones de su tío la habían atacado a ella.

Y si la policía había llegado tan rápido, era simplemente porque Alejandro ya lo tenía todo fríamente calculado y los había llamado con anticipación.

—Te ofrezco una disculpa. Me encargaré de compensarte económicamente por el susto.

A pesar de sus palabras, su rostro no mostraba ni un gramo de remordimiento.

—No te disculpes —respondió ella con una sonrisa amarga—. Tú sabes muy bien lo que quiero, Alejandro.

Él sacó una chequera, firmó un documento y lo dejó sobre la mesa de noche.

—Esto es lo único que puedo darte, Isidora.

Sin agregar nada más, se levantó en dirección a la puerta.

Isidora lo detuvo de golpe.

—¡Alejandro! No me importa que me uses, en serio. Lo único que quiero es estar a tu lado, ser tu compañera, pelear junto a ti. No me molesta si solo me ves como una esposa de adorno. Además, tú mismo lo sabes: yo puedo ofrecerte cosas que Elena jamás podría, ¿o me equivoco?

Aunque él no la amara en ese momento, ella quería ser la señora Vargas ante la sociedad.

Si lograba asegurar el título, ya tendría tiempo de ganarse su corazón poco a poco.

Tarde o temprano, Alejandro se daría cuenta de que ella era la mujer perfecta para él.

—Descansa, Isidora. Le diré a mi madre que venga a verte.

Alejandro la ignoró por completo y salió de la habitación.

Al quedarse sola, Isidora soltó un grito de frustración y agarró la almohada a puñetazos.

***

¡La cirugía fue todo un éxito!

La abuela aún no despertaba y tendría que quedarse en observación unas horas más.

Elena le insistió a su tía Carmen que se fuera a descansar a su casa y ella se acomodó en un sillón junto a la cama de su abuela, velándole el sueño.

Su celular vibró.

Capítulo 249 1

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