Las dos siguieron saludando a otras personalidades importantes del evento.
De pronto, la señora Vargas notó que, a lo lejos, Elena caminaba directo hacia el profesor Álvarez.
Frunció el ceño.
«¡Qué mujer tan descarada!», pensó. «¿Cómo se atreve a intentar codearse con alguien del nivel del profesor Álvarez?».
Sin embargo, para su sorpresa, cuando el profesor Álvarez la vio, la recibió con una sonrisa y se quedó conversando con ella con total naturalidad.
La señora Vargas, desconcertada, miró a Isidora.
—¿Acaso el profesor Álvarez conoce a Elena?
«Dicen que el profesor casi nunca le da crédito a los jóvenes», pensó. «¿Será que esta tipa de verdad tiene algo de talento?».
Isidora miró de reojo a Elena, disimulando su envidia, y respondió en tono neutral:
—Le pidió a Alejandro que la recomendara y así consiguió convertirse en alumna del profesor Álvarez.
La señora Vargas resopló con desdén.
—¡Una cualquiera sin clase que solo sirve para colgarse de los hombres!
En ese momento, por fin llegó Alejandro.
Varias personas se amontonaron a su alrededor para saludarlo.
La señora Vargas tomó a Isidora de la mano y se acercaron.
Mientras caminaban, le dio instrucciones en voz baja:
—Quédate al lado de Alejandro, para que todos vean que llegaste con él. No permitas que Elena se le acerque.
Isidora asintió.
Tener a la señora Vargas de su lado le dio muchísima confianza; estaba segura de que lograría ganarse a Alejandro.
Cuando Alejandro vio a su madre y a Isidora, las saludó con frialdad.
—Mamá. Isidora.
La señora Vargas le echó una mirada fulminante.
—Ayer te pedí que pasaras por mí al aeropuerto y no fuiste. Hoy te mandé mensajes y me ignoraste. Si no me presento aquí, ¿pensabas ni siquiera verme?
El rostro de Alejandro seguía inexpresivo; no le contestó.
Como su madre siempre andaba presionándolo para que estuviera con Isidora, al leer sus mensajes obviamente perdió las ganas de responderle.
Isidora lo miró con ternura.
—Alejandro, tu madre solo te extrañaba. Por más ocupado que estés, deberías contestarle los mensajes.
Alejandro se limitó a murmurar en afirmación y luego le dijo a su madre:


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