La señora Valverde sonrió con amargura:
—Me acuerdo que di a luz en un hospital de un municipio alejado. Investigando, descubrí que la enfermera que se los llevó había perdido la razón. Se llevó a los niños y vivió un tiempo en Valle Nublado. Después la internaron en un psiquiátrico, pero los bebés desaparecieron...
Elena se quedó pasmada. Valle Nublado... ¿No era ese el pueblo donde había crecido?
Se apresuró a decirle:
—Señora Bianca, yo crecí en Valle Nublado. Mi abuela seguro se acuerda de lo que pasó hace veinte años. Yo le pregunto si alguien en el pueblo encontró a unos mellizos.
La señora Valverde no se hizo muchas ilusiones. Al fin y al cabo, Alejandro ya había hecho todo lo posible sin encontrar nada. Aun así, asintió con una sonrisa:
—Te lo agradecería mucho.
***
Elena llevó el colgante a un especialista para que lo limpiara de malas energías. El señor le dijo que pasara por él en una semana.
Ella estuvo de acuerdo, se despidió y se fue a su casa.
Apenas abrió la puerta, Chispa salió corriendo, moviendo la cola con entusiasmo. Elena se agachó para cargarlo, pero el perro se siguió de largo hacia el pasillo.
Ella volteó y vio que Alejandro había regresado de su viaje de negocios. Llevaba su habitual abrigo negro y tenía ese porte impecable que siempre llamaba la atención.
Él cargó a Chispa y levantó una ceja:
—¿Así que oliste las latas de comida y por eso te pusiste tan contento?
Elena se rio, se puso de pie y le preguntó:
—¿Ya comiste? ¿Quieres cenar conmigo?
Alejandro asintió:
—De acuerdo.
Dejó su maleta en su departamento y luego pasó al de Elena con el perro en brazos.
Elena estaba lavando la verdura. Al verlo entrar a la cocina, le pasó un yogur que acababa de comprar en el súper.
—Tómate esto por mientras.
Él tomó el envase, lo dejó a un lado, se remangó la camisa y se puso a ayudarla.
Tenerlo tan cerca volvió a ponerla nerviosa sin que pudiera evitarlo.

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