Lucas, genuinamente interesado, miró a Adriana.
Ella, con una sonrisa, comenzó a hablarle sobre los proyectos anteriores del Grupo Romero.
Al escucharla, Elena no pudo evitar esbozar una sonrisa sarcástica.
Adriana no tenía vergüenza; andaba presumiendo por todas partes los logros que en realidad le pertenecían a ella.
Lucas asintió al terminar de escuchar.
Había revisado los informes y sabía que el Grupo Romero era el líder indiscutible en la industria farmacéutica de Ciudad Río.
Fernando le dio un sorbo a su bebida, sonriendo sin decir nada.
Él también había hablado con Adriana sobre temas de investigación y se había dado cuenta de que sus conocimientos eran bastante mediocres. Por lo tanto, era imposible que esos resultados fueran obra suya.
Después de intercambiar un par de frases con Adriana, Lucas perdió el interés y dejó de hablar con ella.
Al notar su repentino cambio de actitud, Adriana se puso nerviosa.
¿Acaso Lucas se había dado cuenta de algo?
Hugo, al ver que Lucas no parecía impresionado con ella, intervino:
—Lucas, la directora Castillo es una joven con mucho talento. Si notas que le falta algo, bien podrías darle un par de consejos.
Creía que, al ser un hombre que valoraba el talento, estaría dispuesto a ser su mentor.
Lucas tomó un poco de su bebida y respondió con un tono cortante:
—Tengo una agenda muy apretada; me temo que no tendré tiempo para orientar a la directora Castillo.
Adriana apretó los dientes de coraje al ver que la trataba de una forma completamente distinta a como trataba a Elena.
Hugo se molestó de inmediato.
—Lucas, la capacidad de la directora Castillo está a la vista de todos. Lo que acabas de decir fue muy grosero. Como veteranos en este campo, es nuestra responsabilidad guiar a los jóvenes y formar a los futuros talentos del país.
A Lucas le pareció ridículo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico