—Oye, ¿y por qué el imbécil de Diego de repente quiere regalarte un departamento?
Elena lo pensó un momento.
—No sé, seguro hizo algo malo y le remuerde la conciencia.
—Claro que sí. Y no seas ingenua, no lo rechaces. Te engañó para casarse y te fue infiel; no es ningún santo. Aprovecha todo lo que te ofrezca y no sientas lástima por él.
Sonó el timbre.
Seguro era la comida que habían pedido.
Elena fue a abrir.
Afuera estaba el repartidor de la aplicación con su uniforme amarillo. Elena le dio las gracias y tomó la bolsa de comida.
De pronto, su mirada se clavó en la silueta que estaba detrás del joven.
Vio cómo esa persona ponía el dedo en la cerradura digital; se escuchó el clic y la puerta se abrió.
Entró a su departamento sin siquiera voltear a verla.
Elena se quedó helada.
«¿Alejandro vive enfrente?».
Se quedó pasmada unos segundos antes de meter la comida.
Isabel notó que traía una cara rara y le preguntó:
—¿Qué pasó?
Elena se dio unas palmaditas en las mejillas antes de contestar.
—Alejandro vive justo enfrente.
—¿En serio? Qué coincidencia —exclamó Isabel, sorprendida, antes de animarse aún más—. Ya que lo tienes tan cerca, podrías darte una oportunidad. Lo tuyo con Diego ya terminó, ¿por qué no intentarlo con Alejandro? Además, la familia Vargas no le teme a los Romero. Por mucho que Diego se moleste, no se atreverá a enfrentarse a él.
Elena le dio un pellizquito en la mejilla.
—Por favor, deja de fantasear. Si con Diego ya terminé envuelta en un desastre, ¿de verdad crees que voy a atreverme a fijarme en Alejandro?
—Pero yo vi que Alejandro se portaba muy bien contigo. No creo que sea como Diego.
Elena suspiró.
—Me enteré de que Matías murió en un accidente. La verdad, siento que en la familia Vargas hay demasiados conflictos ocultos. Yo soy una persona común; si me meto ahí, terminaré siendo la más perjudicada sin darme cuenta. No bromees con eso.
—Tienes razón, primero la paz mental —admitió Isabel, dándole la razón mientras le ayudaba a sacar los contenedores de comida. De repente, se le ocurrió otra cosa—: Oye, ¿pero y si es Alejandro el que se fija en ti y te quiere conquistar?
Elena soltó una carcajada.

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