La mirada de Diego volvió a endurecerse.
Se soltó del agarre de Adriana y dio un paso hacia la puerta.
Al ver que estaba decidido a irse, Adriana rompió a llorar a gritos.
Cuanto más lloraba, más intenso se volvía el dolor en el vientre.
A Diego se le encogió el corazón. Se giró para verla y, al notar que estaba pálida como un fantasma, el pánico lo invadió. Se acercó rápidamente y la recostó en la cama.
—¿Qué tienes?
—Me duele mucho... —murmuró Adriana con un hilo de voz.
Diego no lo pensó dos veces. La tomó en brazos, salió a toda prisa de la casa y manejó directo al hospital.
Tras revisarla, el médico se dirigió a Diego con semblante serio:
—La paciente necesita mantenerse tranquila. Los corajes y las emociones fuertes pueden provocarle contracciones, y si estas son recurrentes, hay un riesgo altísimo de que sufra un aborto.
Diego, que minutos antes pensaba darle un escarmiento a Adriana, decidió guardarse su coraje al escuchar las palabras del médico.
En ese momento, lo único que importaba era el bebé.
La familia Romero necesitaba a ese hijo y él no podía permitir que le ocurriera nada.
Para Adriana, las palabras del doctor fueron un alivio; sintió que acababan de darle una ventaja decisiva.
Se aferró a la mano de Diego mientras las lágrimas le escurrían por las mejillas, luciendo como la víctima perfecta.
Diego soltó un largo suspiro.
—Descansa y no te hagas ideas en la cabeza. No tengo intenciones de divorciarme de ti.
—De verdad, ya entendí que la regué. Te juro que no lo vuelvo a hacer, Diego —se apresuró a prometer Adriana—. A partir de ahora me voy a portar bien, te prometo que nunca más te voy a mentir.
Diego se quedó en el hospital para hacerle compañía.
De pronto, se acordó de la cicatriz en la pierna de Elena y sintió un golpe de realidad. Recordar cómo había mostrado asco hacia esa marca debió haberle destrozado el corazón.
Con razón ella jamás había querido decirle que fue quien lo sacó del fuego.
Le debía demasiado a Elena. Tenía que encontrar la forma de compensarla.
***
Después del trabajo, Elena se fue directo al hospital.
Para su sorpresa, encontró a Diego en la habitación de la abuela.


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