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Rechazada por estéril, ahora esposa del magnate más rico romance Capítulo 162

—La abuela de Elena está hospitalizada —explicó Diego—. Ella se la ha pasado dando vueltas al hospital estos días, y además me está ayudando con lo del proyecto. Tengo que ir a apoyarla.

Adriana sintió que la voz se le quebraba.

—¿Y por qué no solo contratan a un enfermero para que ayude? Trabajas de día y te vas al hospital de noche, ¿crees que tu cuerpo va a aguantar ese ritmo? Además, últimamente los síntomas del embarazo me están pegando muy fuerte. Me pone muy triste que no me dediques tiempo y siempre me vengas a botar en casa de mis papás.

Diego le acarició el cabello con suavidad.

—A la abuela de Elena ya no le queda mucho tiempo. Ella siempre ha sido muy buena con Elena, y la considero parte de mi familia. Tengo que estar ahí en su etapa final para que pueda irse tranquila. Pórtate bien, en cuanto tenga tiempo libre, te lo dedicaré todo a ti.

Adriana no se tragó ese cuento.

De por sí, el tiempo que Diego tenía para descansar después del trabajo era poco; ahora que se lo estaba dando a Elena, a ella le tocaba casi nada.

No quería dejarlo ir, así que permaneció aferrada a él durante un momento más, insistiendo en silencio.

Pero Diego no cedió.

Al final, no tuvo más remedio que soltarlo y dejarlo ir.

Diego llegó al hospital.

La abuela acababa de tomarse su medicamento y lo había vomitado todo. Elena ya le había cambiado la ropa y estaba trapeando el piso.

Diego se acercó y le quitó el trapeador de las manos.

—Yo lo hago.

Y antes de que Elena pudiera protestar, él ya estaba limpiando.

Una vez que lavó el trapeador, regresó y notó que la abuela ya se había quedado dormida.

—¿Se sintió mal? —preguntó en voz baja—. ¿Quieres que llamemos al médico para que venga a revisarla?

Elena negó con la cabeza.

—No es necesario. Cuando despierte, le volveré a dar la medicina y con eso tendrá.

—Debes estar agotada —le dijo Diego—. Ve a descansar a la sala de espera de al lado, yo me quedo cuidando a la abuela.

Elena recordó que la última vez que él se ofreció a cuidarla, se fue de repente y la abuela casi se quema. Por eso, lo rechazó de inmediato:

—No, gracias.

—¿Sigues sin confiar en mí? —Diego suspiró, resignado—. Está bien. Tú duerme en la cama de acompañante y yo me quedo en el sofá.

Capítulo 162 1

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