Elena se acercó a la recepcionista con naturalidad.
—Hola, soy Elena Navarro. Tengo una cita con el director Molina a las tres de la tarde. ¿Podrías avisarle que ya llegué?
Al escuchar el nombre, la chica le sonrió de inmediato.
—No es necesario anunciarla, el director Molina ya me había dado instrucciones. Señorita Navarro, por favor, acompáñeme.
Y sin más, le hizo un ademán para guiarla hacia los elevadores.
Adriana, enfurecida al ver que a Elena le abrían las puertas de par en par, se interpuso en el camino de la recepcionista.
—A ver, espérate. ¿Por qué ella sí puede pasar y yo no?
La paciencia de la recepcionista llegó a su límite.
—Señorita Castillo, le repito que debe agendar una cita directamente con el director Molina antes de venir. Si sigue interrumpiendo mi trabajo, tendré que llamar a seguridad.
Adriana sabía que no le convenía armar un escándalo en las oficinas del Grupo Valverde. Le lanzó a Elena una mirada cargada de veneno y se marchó con la cola entre las patas.
Cuando el director Molina recibió a Elena, su actitud fue mucho más cálida que la vez anterior en el club.
—Señorita Navarro, qué gusto verla.
Elena le estrechó la mano con una sonrisa y fue directo al grano:
—Fui la directora de investigación del Grupo Romero hasta hace poco. En teoría, ya no me corresponde llevar este proyecto, pero la empresa me pidió que lo retomara y, bueno, no pude negarme.
El director Molina ya había escuchado por boca de la señora Valverde que Elena tenía un vínculo estrecho con la familia Romero. Aunque no conocía los detalles del chisme, si los Romero le habían confiado el proyecto a ella, a él le parecía perfecto.
A medida que avanzaban en los detalles técnicos, la admiración del director Molina por ella no hizo más que crecer.
El director no era un ignorante en temas de desarrollo; por eso había sido tan exigente y había rechazado tantas propuestas antes.
Pero la visión de Elena era tan clara y brillante que incluso le aportó ideas nuevas que él no había considerado.
Impresionado, decidió lanzarle una oferta directa:
—Señorita Navarro, me sorprende muchísimo el nivel que tiene a su edad. Ya que no está atada oficialmente al Grupo Romero, ¿no le interesaría venirse a trabajar a las oficinas centrales del Grupo Valverde?
Elena negó con la cabeza amablemente.
—Se lo agradezco mucho, director Molina, de verdad, pero actualmente trabajo en el laboratorio del profesor Álvarez. Esto de ayudar al Grupo Romero fue solo un favor por cuestiones personales.
El director Molina abrió los ojos de par en par.


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