Sin embargo, el director Molina seguía sin responder.
Elena no entendía por qué la ignoraba. ¿Acaso tenía algún problema con ella?
Se puso a revisar el Instagram del director Molina.
La última publicación era de la noche anterior: el director Molina estaba en un club de esgrima en Ciudad Río, posando en una foto con Isidora.
Al revisar publicaciones anteriores, se dio cuenta de que las fotos en el club de esgrima aparecían con bastante frecuencia.
Ya que al director Molina le gustaba tanto la esgrima, tal vez podría usar eso a su favor para acercarse a él.
Elena había estado en el club de esgrima durante la universidad, así que tenía buenas bases.
Llevaba mucho tiempo sin practicar y estaba un poco oxidada.
Además, viendo que el director Molina iba tan seguido, lo más seguro es que fuera casi un profesional.
Si quería acercarse a él a través de la esgrima, iba a necesitar encontrar a un entrenador para practicar un poco.
Buscó en redes sociales y encontró un club de esgrima con muy buenas recomendaciones.
Al día siguiente, en cuanto salió del trabajo, se fue directo hacia allá.
El dueño del club escuchó lo que necesitaba y le recomendó a un entrenador.
Elena pidió tomar una clase de prueba y el hombre aceptó.
Después de pagar, Elena comenzó a practicar con él.
El entrenador de apellido Cruz era un hombre joven. Al ver lo bonita que era, aprovechaba cualquier descuido durante la práctica para tocarle la cintura con doble intención.
Elena se sintió asqueada, le dio un fuerte pisotón y fue a buscar al dueño para exigir un cambio de entrenador.
El dueño se mostró un poco incómodo:
—La verdad es que no tenemos muchos entrenadores, y los demás están ocupados a esta hora. ¿Podrías esperar un rato?
—Entonces empezaré a practicar por mi cuenta —dijo Elena.
Como ya tenía experiencia, solo necesitaba encontrar a alguien que le sirviera de compañero de práctica.
Tras dar un vistazo por las instalaciones, se fijó en un esgrimista con una técnica impecable.
Cuando terminó de practicar con su oponente y fue a descansar, Elena se acercó a él.
El hombre no se había quitado la careta, así que Elena tomó la iniciativa y le preguntó:
—Hola, ¿eres entrenador de aquí?
Él no respondió.
Elena casi podía sentir cómo la observaba detrás de la malla. Así que se lo volvió a preguntar.
Él negó con la cabeza.
Con sinceridad, Elena le propuso:
—Quisiera pedirte que seas mi compañero de práctica, ¿se puede? Te pagaré lo que me pidas, tú pon el precio.

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