—No me ha dicho nada. Oye, no te metas con la familia de Elena.
Lucía resopló con desdén:
—Tú no entiendes nada. ¿Cuántas veces te he dicho que dejes de perder el tiempo con mujeres y te enfoques en el trabajo? Ay, olvídalo, igual nunca me haces caso.
No tenía intenciones de seguir discutiendo, así que añadió:
—Tengo muchas cosas que revisar ahora. Si quieres devolverle el puesto a su tía, hazlo. Haz lo que quieras.
Dicho eso, Lucía le colgó.
Después de darle las instrucciones al director del hospital, Diego regresó con Elena:
—Tu tía puede volver a su puesto mañana mismo. Nadie volverá a meterse con ella.
Como la había ayudado con lo de su tía, Elena le permitió quedarse a cenar. Al ver que se llevaban tan bien, a la abuela se le abrió el apetito.
Terminando de comer, Elena le dijo a Diego:
—Me voy a quedar hasta que llegue mi tía. Tú ya vete.
Consciente de que había sido culpa de Lucía que la tía pasara por ese mal rato, Diego no intentó obligarla a irse con él como habría hecho antes. Le respondió con dulzura:
—Está bien, te espero en la casa.
En cuanto Diego se fue, la abuela se dirigió a Elena:
—Hija, veo que Diego de verdad te valora. Deberían tener un bebé pronto; así su matrimonio será más estable.
Elena soltó una risa amarga.
¿Tener un bebé?
Ella y Diego jamás volverían a tener hijos.
***
Emiliano había pedido la mañana libre. Esteban y Natalia estaban en su computadora copiando unos archivos cuando, de repente, se dieron cuenta de que la información había sido eliminada.
Esteban estaba desconcertado:
—Qué raro, estos datos todavía estaban aquí anteayer.
Natalia frunció el ceño:
—¿Quién usó la computadora de Emiliano ayer?
Esteban lo pensó un momento y contestó:

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