Fernando le dijo a Elena:
—Ahora vienes conmigo en el coche del director Herrera; quiero hablar contigo de un par de cosas.
Elena asintió:
—Claro.
Como varios compañeros rodearon a Fernando para seguir platicando, Elena se quedó un poco rezagada.
De repente, vio a Diego.
Adriana, con una enorme sonrisa, caminó directo hacia él.
Últimamente, usando de pretexto que se sentía mal, lograba que Diego pasara por ella al trabajo todos los días.
Elena no tenía idea de esto porque había estado hospitalizada.
Pero para el resto de sus compañeros, lo de Diego y Adriana era un secreto a voces.
Natalia hizo un comentario en tono de broma:
—El director Romero sigue desviviéndose por Adriana. Qué envidia; cualquiera querría a un hombre así.
Adriana bajó la mirada con una sonrisa de enamorada.
Diego cruzó miradas con Elena e intentó explicarle, pero ella simplemente volteó la cara, haciéndose la desentendida, y se subió al coche del director Herrera.
Fernando, que ya estaba en el auto, ni se enteró de lo que pasaba afuera.
El director Herrera, en cambio, alcanzó a ver a Diego y Adriana por la ventana.
—Miren, también vino el director Romero. Voy a saludarlo a ver si nos quiere acompañar a cenar, entre más, mejor.
Dicho eso, se bajó del vehículo.
Fernando no tenía intenciones de bajarse a saludar, así que aprovechó para seguir platicando de temas de trabajo con Elena.
En cambio, cuando Diego supo que Fernando estaba ahí, se acercó junto con el director Herrera para saludarlo.
Al notar que Elena también estaba en ese auto, se quedó desconcertado.
Él daba por hecho que, al entrar al equipo de Fernando, Elena ocuparía apenas un puesto secundario, pero resultó que parecía llevarse bastante bien con el experto.
«O quizás solo le ayuda a organizar papeleo», pensó.
Dejando de lado esos pensamientos, le preguntó a Fernando con una sonrisa:
—Profesor Álvarez, ¿gusta venirse en mi coche?
Fernando rechazó la oferta de forma amable:

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