Entrar Via

Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 195

¿Mucho trabajo? —preguntó Luca, mirándola fijamente a través de la cámara, con voz indiferente.

—¿Se te ofrece algo? —Natalia no pudo evitar su desilusión al verlo a él en lugar de a su hija. Tenía muchísimas ganas de ver la carita redonda de su niña.

Luca soltó una risa seca.

—Irita te estuvo buscando en la tarde, pero estabas ocupada. Ahorita solo te marcaba para saber cómo va todo. ¿Te está yendo bien en el viaje?

—Todo bien —respondió ella con más frialdad de la que él había usado.

Luca guardó silencio por un par de segundos, golpeando el escritorio con el dedo por puro instinto.

—Ah, bueno. Nada más quería saber. Por cierto, vi las fotos que subió Darío de su paseo por los módulos del evento.

Natalia se sacó de onda.

—¿Ah, sí? ¿En dónde las subió?

—A Instagram —la voz de Luca bajó de tono, volviéndose un tanto áspera—. Se ve que se la están pasando muy bien por allá.

—Venimos a trabajar, no estamos de vacaciones —replicó Natalia, con evidente enojo en su voz.

—Sale, al rato le digo a Irita que te marque. Ha estado preguntando por ti todo el día —fue lo único que añadió Luca para cerrar la conversación.

Natalia simplemente cortó la llamada.

Tomó una buena bocanada de aire para relajarse y regresó a la mesa del restaurante con su equipo.

En cuanto se sentó, uno de los ejecutivos se le acercó levantando su copa.

—Doctora Ortega, supongo que ya no tenemos ningún pendiente fuerte para hoy. Me encantaría hacer un brindis con usted.

Natalia levantó su propia copa de tinto y chocó con él por pura educación.

—Salud. Tome a su gusto.

El colega, ya con las copas encima y las mejillas rojas, se tomó la bebida de un solo trago.

Darío la miró con preocupación y trató de advertirle:

—No le vayas a dar con tantas ganas. No aguantas mucho el alcohol.

Natalia le devolvió la sonrisa.

—No pasa nada. El chiste es convivir y que todos se relajen un poco.

Romeo intervino desde el otro lado de la mesa:

—Llevas ya tres copas, Nati. Mejor bájale al ritmo.

Natalia se sorprendió al verse monitoreada por los dos. Riendo, no tuvo más remedio que dejar la copa a un lado.

Con ambos hombres marcando la línea con tanta firmeza, los demás compañeros del equipo que querían llegar a brindar con ella decidieron no arriesgarse. Estaba clarísimo que intentar darle más alcohol a la doctora Ortega solo les traería problemas con el señor Torres y el doctor Díaz.

Al terminar la cena, todos se regresaron al hotel. Natalia se dio un baño rápido y enseguida se puso frente a su computadora. Repasó de arriba a abajo todo lo que se había discutido en la junta de la tarde, marcó las áreas que requerían ajustes técnicos y se lo envió a los encargados correspondientes por correo.

Por otro lado, Darío acababa de salir de la regadera. Llevaba una toalla amarrada a la cintura mientras se secaba el pelo con otra, cuando su celular sonó. Pensando que a esa hora podía ser un mensaje coqueto, lo levantó emocionado. Al ver el remitente, torció los labios en una media sonrisa: era otro correo de trabajo de Natalia.

«¿De verdad no piensa en otra cosa esta mujer?» se preguntó.

Por fin se terminaron los tres intensos días de gira laboral. Los dos equipos tenían el mismo vuelo de regreso.

Natalia salió del aeropuerto jalando su maleta por las puertas automáticas. Darío y Romeo venían justo detrás de ella, enfrascados en una seria plática de negocios.

Apenas pisó el área de llegadas, Natalia empezó a buscar con desesperación entre la multitud de personas que esperaban.

Ahí estaba Luca, tal como se lo imaginó, cargando a su hija.

Iria traía puesta una chamarra rosada calientita y peinada con dos chongos, estirando su cabecita para intentar encontrarla entre el mar de gente.

Al verla, a la niña se le iluminó la cara y empezó a agitar las manitas con toda su fuerza.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo