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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 192

El sábado a primera hora, Natalia bajó las escaleras cargando su maleta.

En el comedor de la familia Torres, Iria apareció corriendo descalza, abrazando a su conejo de peluche. Tenía los ojitos llorosos.

—Mami, ¿de verdad no puedes pedir el día? Hoy nos vamos de excursión por dos días. Luci y su tío también van. ¿En serio no vas a ir?

Natalia vio la esperanza en la mirada de su hija y sintió un nudo en la garganta.

Se agachó para cargarla, sobando con cariño sus piecitos fríos.

—Irita, claro que mami quiere ir. Pero esta vez tengo un viaje de trabajo muy importante y no puedo faltar. Papi prometió que va a acompañarte, y si quieres también le decimos a tu abuelita...

Justo en ese instante, Luca entró con una taza de café en la mano. Tomó a Iria en sus brazos con mucha ternura.

—No te preocupes, princesa. Papi va a estar contigo todo el tiempo. Vamos a dejar que mami se concentre en su trabajo.

—Bueno... pero tienes que regresar pronto y traernos regalos a papi y a mí —dijo Iria, aferrada al cuello de Natalia sin querer soltarla.

Natalia le dio un beso en la mejilla.

—Te lo prometo.

Luca sintió el suave perfume que ella llevaba puesto. Al ver la conexión tan linda entre madre e hija, pasó saliva, con una extraña presión en el pecho.

En eso, se escuchó el motor de un coche estacionándose afuera. Darío entró a la casa y saludó con una gran sonrisa:

—¡Buenos días, Luca! ¡Hola, Irita!

La expresión de Luca se endureció de inmediato.

—¿Tú también vas al viaje?

Darío asintió con tranquilidad.

—Así es. Mi alemán es mejor que el de Natalia, así que voy a acompañarla para ayudarle con las traducciones.

Luca volteó a ver a Natalia. Estaba seguro de que ella jamás le había mencionado que Darío iba con ellos.

Natalia ignoró por completo su mirada interrogante y se dirigió únicamente a Iria:

—En cuanto mami termine de trabajar, me regreso a casa. Pórtate bien, mi amor.

—Sí, me voy a portar bien —prometió Iria. Era una niña muy dulce y decidió no hacer más berrinche.

Darío se acercó y, con mucha naturalidad, tomó la maleta de Natalia por ella.

—Luca, no te preocupes. Yo me encargo de cuidar muy bien a Natalia durante el viaje.

Luca entrecerró sus ojos oscuros, visiblemente molesto.

Natalia no detectó la tensión oculta en las palabras de Darío, e intentó recuperar su equipaje.

Pero Darío soltó una carcajada y se la apartó.

—Tranquila, Natalia. Deja que los hombres carguemos las cosas pesadas.

Natalia no insistió. Simplemente se despidió de su hija agitando la mano.

—Irita, acuérdate de mandarme muchas fotos. Voy a estar muy atenta a todo lo que hagas en tu excursión.

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