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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 177

Natalia vio el mensaje, pero prefirió ignorarlo.

El hecho de que Denisa no hubiera hecho un berrinche demostraba que probablemente ya sabía de ese asunto desde antes.

Seguro Luca lo había consultado con ella antes de tomar la decisión. Era un acuerdo entre ellos dos.

Natalia sintió una decepción profunda que le caló por dentro.

La gente siempre decía que la verdadera amante era la que no era amada, pero Natalia creía firmemente que la amante era la que no tenía el acta de matrimonio.

Denisa ya se imaginaba que Natalia no le iba a contestar, pero ni le importó.

Esa noche, Denisa organizó una cena para que las dos madres se vieran.

En el restaurante, el área privada estaba junto al agua. Al abrir la ventana, se podía ver el jardín iluminado.

Denisa llegó junto con Cristina. Ambas mujeres tenían un porte cada vez más parecido: se veían sumamente elegantes y de alta sociedad.

En cuanto Mónica vio a Cristina, se puso nerviosa de inmediato. Se levantó de la silla y la saludó con entusiasmo:

—Señora Torres, le agradezco que haya criado a Denisa. Siempre le he debido un «gracias». Si no hubiera sido porque usted se la llevó a la familia Torres en aquel entonces, me temo que esta niña...

Mónica se puso a llorar al decir aquello.

Denisa habló en un tono distante:

—Mamá, hoy venimos a cenar, no a recordar el pasado. Mejor ya no hablemos de eso.

Mónica se secó las lágrimas a toda prisa y se sentó de golpe.

Cristina miró a Mónica con una pizca de frialdad y recelo. Luego, rompió el silencio:

—¿Y cómo es que en todos estos años no viniste a buscar a Denisa? ¿Acaso formaste una nueva familia y ya no querías saber nada de ella?

Mónica levantó la mano de inmediato, jurando al cielo:

—Señora Torres, por muy desalmada que yo pudiera ser, jamás dejaría en el olvido a mi propia sangre. La verdad es que no tenía alternativa, perdí la memoria en un accidente automovilístico hace años.

Mientras hablaba, Mónica se hizo el cabello a un lado rápidamente, mostrando una cicatriz tenue:

—Apenas hace un año recuperé los recuerdos de aquella época. Mi exmarido era muy aficionado a la bebida. Ese día íbamos a entregar una mercancía. A medio camino empezó a llover, la camioneta derrapó en la carretera de la sierra y nos fuimos al barranco. Yo salí volando del vehículo y me quedé inconsciente.

Al recordar aquel suceso, Mónica todavía se ponía pálida y sudaba frío del susto.

Cristina vio la cicatriz en su cabeza y comentó con frialdad:

—Tuviste mucha suerte. Lástima que su padre no corrió con la misma fortuna. Cuando lo encontraron, ya había fallecido. Fui yo quien mandó a alguien a que se encargara del funeral.

Al escuchar eso, Mónica le dio las gracias una y otra vez.

A Denisa no le gustaba escuchar sobre el pasado. Enseguida les sirvió un poco de té y dijo:

—Ahora vivo con la familia Torres, y en el futuro solo tendré a una madre. A partir de hoy, me dirigiré a usted como señora Gutiérrez.

Mónica se quedó paralizada al escucharla, sin poder dar crédito a lo que oía.

Cristina levantó su taza y le dio un sorbo, como si esperara la respuesta de Mónica.

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