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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 165

—Fue a la ciudad, no va a poder regresar ahora.

—Ya veo.

Ninguno de los dos sabía muy bien qué platicar. Hablaron un poco de que Iria estaba con Liliana y, tras eso, el silencio reinó de nuevo.

En ese momento, la furia de la tormenta azotaba los endebles cristales de la ventana, emitiendo un sonido parecido a un aullido.

—¿Hay alguna cama para dormir aquí? —volvió a preguntar Luca.

Natalia señaló el segundo piso.

—Arriba hay dos cuartos. El de mi tío está cerrado con llave. El otro es un cuarto de cháchara; tiene una cama, pero no hay cobijas.

Al escucharla, Luca no mostró ninguna expresión de disgusto.

—No pasa nada, improvisamos —dijo, asintiendo.

Gracias al esfuerzo conjunto de Paulina y Alberto, la cena por fin llegó a la mesa: cuatro platillos con verduras.

—Señor Torres, doctora Ortega, la comida es casera, pero los ingredientes están frescos —dijo Paulina con mucho optimismo.

Natalia le pasó un plato limpio a Luca y él lo tomó.

Los cuatro se sentaron alrededor de la mesa cuadrada y empezaron a comer. Paulina no conocía bien a Alberto, y entre Natalia y Luca se respiraba una frialdad evidente. El ambiente se volvió bastante tenso. De por sí, Paulina le tenía mucho respeto a Luca; siempre sentía que el señor Torres era una figura lejana y demasiado seria.

Alberto intentaba buscar un tema de conversación, pero al ver la nula calidez entre el señor Torres y la doctora Ortega, optó por comer en silencio, manteniendo un perfil bajo.

Al terminar de cenar, Natalia se puso a lavar los trastes. Cuando acabó, dijo:

—Paulina, tú vete a dormir al cuarto de arriba. Yo me las arreglo para pasar la noche aquí abajo en el laboratorio.

—Doctora Ortega, no importa si no duermo en una cama. Me quedo sentada en una silla toda la noche, no me pasa nada.

Alberto echó un vistazo por la ventana.

—Afuera hay un cobertizo techado. Puedo meter el carro ahí. ¿Alguien quiere dormir en el carro?

Luca miró a Natalia y habló con firmeza.

—Esta noche va a hacer mucho frío, mínimo cero grados. Hace poco te enfermaste, no te quedes en el laboratorio.

—Señor Torres, mejor ustedes dos duerman en el cuarto de arriba. Alberto y yo nos apretamos en el carro —sugirió Paulina de inmediato.

Alberto asintió.

—Por mí no hay bronca. Mientras tu novio no se ponga celoso, Paulina.

Paulina sabía que estaba bromeando y, con la cara roja, le contestó:

—Estoy soltera. Qué novio ni qué nada.

—Ah, pues entonces mejor. Soy todo un caballero —respondió Alberto, soltando un "oh" de alivio.

Paulina no pudo evitar soltar una risita.

—Se nota. Tanto tú como el señor Torres son unos caballeros.

Al escuchar eso, Luca le echó una mirada intensa a Natalia y replicó:

—Yo no lo soy.

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