Natalia se quedó helada; por un instante sintió que se le iba toda la sangre del cuerpo. Incluso los sonidos a su alrededor desaparecieron, convirtiéndose en un agudo zumbido.
—Mamá, ¿ya lo arreglaste? Todavía quiero seguir jugando —apresuró Iria a su lado.
Justo en ese momento, Luca se levantó de repente y caminó hacia ellas. Natalia solo alcanzó a ver la palabra «ultrasonido» y las letras que indicaban «embarazo temprano»; no tuvo tiempo de leer los demás detalles.
Se salió de prisa de la aplicación de mensajería y abrió la pantalla del juego. Luca también se acercó y se inclinó para mirar el teléfono.
—Irita, siéntate al lado de papá, jugaré contigo un rato.
Luca miró a Natalia y le dijo:
—No te preocupes, solo la dejaré jugar quince minutos más.
Natalia sintió que se le helaba todo el cuerpo; una oleada de rabia le invadió la cabeza. Apretó los puños con fuerza, haciendo un gran esfuerzo por mantener el rostro inexpresivo.
Solo cuando escuchó a Luca hablar, levantó la mirada ahogada y lo observó.
La decepción que sintió en ese momento era imposible de describir con palabras.
Luego, Natalia bajó la mirada en silencio, aferrándose a su copa. Aquella fatiga de haber descubierto la verdad le impidió expresar más emociones. Se tomó la bebida de un solo trago y aceptó otra copa de manos de un mesero cercano; se quedó mirando fijamente las brillantes burbujas que subían por el cristal y estallaban sin hacer ruido.
—Nati, ¿qué tienes? ¿No que esta es tu comida favorita? ¿No vas a comer un poco? —Las palabras de su madre sacaron a Natalia de su estado de congelamiento.
Levantó la cabeza lentamente y le dedicó una sonrisa a su madre.
—Me llené un poco.
Liliana suspiró:
—Mira nada más, has estado perdiendo peso últimamente. ¿Será que andas de mal humor y ni siquiera has comido bien?
Natalia forzó una sonrisa y negó con la cabeza:
—Claro que no, como a mis horas todos los días. Mamá, come un poco más, voy a ir al baño rápido.
Natalia se levantó de prisa y se dirigió hacia los sanitarios.
En ese momento no había nadie en el pasillo, el ruido de la fiesta quedaba a sus espaldas, y Natalia escuchó los latidos pesados de su propio corazón.
Tenía que divorciarse. Luca le daba asco.
Cuando Natalia regresó del baño, vio a Cristina de pie en el escenario, mirando a Denisa con adoración mientras esta avanzaba entre la multitud.
Cristina le hizo señas desde arriba y Denisa, con una sonrisa impecable, saludó a todos asintiendo y subió al estrado.
Todas las miradas se centraron en las dos mujeres.
La voz de Cristina resonó en los altavoces, llena de una mezcla de alegría y satisfacción:
—Hoy, tengo un asunto muy importante, y me gustaría que todos los invitados presentes sean testigos de esto.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: Quédate con tu cuñada, querido exesposo