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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 133

La enorme mesa redonda se fue llenando poco a poco con una interminable variedad de platillos gourmet.

El ambiente del cuarto privado se saturó rápidamente con el olor a licor y el espeso humo de los puros.

Denisa tenía buen aguante para la bebida. Para ese momento, su copa ya se había vaciado en tres ocasiones, solo para ser rellenada de inmediato.

Sentado justo frente a ella, Benjamín sostenía un puro entre los dedos, presumiendo sus supuestos logros comerciales en voz muy alta.

Los otros hombres no hacían más que darle por su lado.

—La señora Palma es, sin duda, una mujer de negocios formidable —elogió Benjamín, mientras su mirada se paseaba con lascivia por el cuello y las muñecas de Denisa—. Lástima que el señor Torres se nos haya adelantado tan pronto. La última vez que nos cruzamos en un evento, usted iba del brazo con él.

La sonrisa de Denisa se tensó visiblemente. El hecho de que sacaran el tema de Adrián arruinó su estado de ánimo, pero se obligó a mantener la compostura.

—Benjamín, me halaga usted demasiado. Como saben, Mónica es mi madre, y la Distribuidora Construbase siempre se ha manejado con un excelente prestigio. De ahora en adelante, les pido a todos los presentes que nos echen la mano. El tema de los precios lo podemos ajustar sin problema.

Tras decir esto, Denisa se tomó todo el contenido de su copa de un solo trago.

—Señora Palma, no tiene nada que agradecer. Por supuesto que la vamos a apoyar —afirmó Benjamín. De pronto, agarró su copa, se levantó de su asiento y rodeó la mesa hasta plantarse a un lado de Denisa. Apoyó la mano sobre el brazo de la mujer con total desfachatez y añadió—: Pero usted sabe que en los negocios la química cuenta mucho. A decir verdad, en toda mi vida rara vez me había topado con una mujer que fuera al mismo tiempo tan inteligente y tan preciosa. Por ahí escuché que es buenísima para el ballet y los ritmos latinos. ¿Qué dice, señora Palma? ¿Nos hará el inmenso honor de deleitarnos con una pieza para alegrar la noche?

Denisa tenía resistencia para el alcohol, pero después de empinarse varias copas, ya empezaba a resentirlo; sentía que el estómago le daba vueltas.

Los demás hombres la miraban con evidente expectativa, pero el brillo en sus ojos dejaba al descubierto sus más oscuras intenciones.

A un lado, Verónica veía a todos esos sujetos con asco, y le partía el corazón ver a su jefa en esa situación.

En el pasado, al estar cobijada por la familia Torres, la trataban con reverencia en todas partes.

Con Adrián a su lado, a ningún hombre se le habría ocurrido siquiera faltarle al respeto.

Y ahora que había perdido a su esposo, esos asquerosos cerdos intentaban aprovecharse de ella.

Verónica se puso de pie de un salto.

—Señora Palma, yo también tomé clases de baile, si quiere yo...

Denisa le puso una mano en el brazo para detenerla y sonrió.

—El día de hoy invité a los señores porque quiero que la pasen bien. Mejor hazme el favor de pasarles nuestros contratos para que los vayan checando.

Al escuchar la orden, Verónica sacó inmediatamente los documentos. Los hombres intercambiaron miradas cómplices, pero terminaron aceptando las carpetas con muy buena disposición.

Denisa recorrió los rostros de cada uno de ellos sin borrar su sonrisa.

—Bueno, pues espero que no me juzguen demasiado duro, y ojalá esto sirva para que los señores nos den una oportunidad.

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