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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 134

Se plantó a un lado de Denisa y recorrió con una mirada implacable a los cuatro hombres presentes. Cuando habló, su tono no fue alto, pero estaba cargado de una intimidación aplastante:

—Lamento la interrupción, Benjamín. Necesito arreglar un asunto con Denisa.

Sin decir más, le quitó a ella la copa de las manos y la alzó ligeramente.

—Que sigan disfrutando su velada.

Se tomó el contenido de la copa de un trago y, tras darle unas ligeras palmadas en el brazo a una tensa Denisa, sentenció:

—Vámonos.

La presión que Denisa sentía en el pecho se desvaneció de golpe, reemplazada por una mezcla abrumadora de emociones.

Se apresuró a cambiar su expresión y, con una sonrisa forzada, se despidió de los sujetos:

—Una disculpa enorme a todos. Me acaba de surgir un imprevisto que requiere mi atención, pero otro día nos ponemos al corriente.

Los cuatro hombres se pararon como resortes, alzaron sus respectivas copas y se las bebieron hasta el fondo en un solo movimiento, acatando por completo la intervención de Luca.

Luca sacó a Denisa del salón. Mientras tanto, los cuatro empresarios se quedaron ahí plantados, casi sin atreverse a respirar, hasta que por fin pudieron volver a sentarse.

El estatus de Luca y el poder incalculable del corporativo que lo respaldaba no eran cosas con las que ellos pudieran siquiera soñar en meterse.

—Luca...

Él avanzaba por el pasillo a zancadas con una expresión furiosa.

Denisa, tropezando con sus zapatillas, era incapaz de seguirle el ritmo.

—Ah... —soltó Denisa con un gemido. Simplemente ya no podía dar un paso más. Se dejó caer contra la pared, con los ojos vidriosos por los efectos de la bebida, sosteniéndose la cabeza con una mano.

Luca detuvo su andar, retrocedió unos pasos y se paró frente a ella.

—¿Desde cuándo la directora de Altium Médica tiene la necesidad de arrastrarse de esa forma frente a unos don nadie? ¿De qué te sirve tanta humillación?

Denisa se quedó perpleja. Al instante, se mordió el labio inferior con una evidente expresión de culpa.

El atractivo rostro de Luca denotaba una profunda indignación.

—¿Por qué te quedas callada?

A Denisa se le llenaron los ojos de lágrimas tras el regaño. Apretando el borde de su falda con puro nerviosismo, por fin le confesó a Luca que su madre había reaparecido para exigirle resultados, y le explicó que ese había sido el motivo de su junta con los proveedores de materias primas.

La cara de Luca reflejó sorpresa, y luego se endureció aún más.

—¿Y por qué diablos no me lo dijiste antes? ¿Creíste que ibas a poder tú sola con una bola de buitres en un lugar como ese?

Ante los reproches, las lágrimas de Denisa terminaron por desbordarse.

—Es que no puedo depender de ti para todo... —murmuró, mordiéndose el labio para reprimir un sollozo—. Tú no eres Adrián. No es justo que te ande cargando con mis problemas...

Dicho esto, la mujer se fue deslizando por la pared hasta quedar en cuclillas sobre el suelo. Se abrazó las piernas y escondió el rostro, luciendo increíblemente vulnerable pero terca al mismo tiempo.

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