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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 118

Luego bajó la mirada hacia Denisa, que seguía aferrada a su brazo, y, lógicamente, la balanza de su corazón se inclinó a su favor.

Natalia decidió no cenar en la casa principal. En cambio, llevó a su pequeña Iria a comer con su amiga Nora Guzmán.

Se vieron en un restaurante italiano y pidieron una mesa reservada en una zona rodeada de plantas, que les daba bastante privacidad.

Nora llegó primero. Como buena diseñadora, su atuendo diario era tan impecable que parecía recién salida de una pasarela.

Llevaba un conjunto de lino blanco bastante sencillo, acompañado de unos aretes de argolla enormes que resaltaban su arrolladora personalidad.

Cuando Natalia e Iria se acercaron, Nora no pudo contener la emoción y levantó en brazos a la niña.

—¡Ay, hace días que no te veía y estás todavía más hermosa!

—Tú siempre hueles muy rico. ¡Me encanta! —exclamó Iria, olfateando el aire de forma graciosa—. Mmm, ¡qué rico!

Nora soltó una carcajada y sacó una cajita de su bolso.

—Ten, un regalito porque sí.

Iria lo tomó encantada y le contestó con su tierna vocecita:

—¡Gracias por el regalo, Nora! Pero yo no te traje nada hoy.

—No te preocupes. Que tu mami mejore la fórmula de sus cremas y me regale un par de cajas, con eso estamos a mano —respondió Nora, volteando a ver a Natalia con una sonrisa pícara.

—Claro, dalo por hecho —asintió Natalia.

—¡Wow! ¡Es un estuche de diseño en miniatura! Y tiene una princesa con muchísimos vestidos. ¡Me encanta! —gritó Iria de la emoción, con sus enormes ojos oscuros brillando de felicidad.

Ya entrada la cena, Nora le lanzó una mirada inquisitiva a Natalia para preguntarle cómo iban las cosas. Natalia respondió con una sonrisa cargada de amargura.

Al notar eso, los ojos de Nora se llenaron de empatía. Como los lugares a su alrededor estaban vacíos, Iria se acomodó a un lado para jugar tranquila con su nuevo regalito.

Aprovechando el momento, Nora le preguntó en voz baja:

—¿Luca te está haciendo la vida imposible otra vez? ¿Y todo por su cuñadita viuda? ¿Cuántas estupideces más piensa hacer ese hombre?

Natalia bajó la mirada por unos segundos, bebió un trago de su té y, sin dar muchos rodeos, le contó la situación actual.

—Es el colmo —dijo Nora, totalmente asqueada—. ¿Ya no les bastó con ese jueguito enfermizo entre cuñados y ahora quieren disfrazarlo de otra cosa? ¿A Luca le afectó tanto el alcohol en el cerebro o es que esa mujer lo tiene completamente embrujado?

Natalia abrió la boca para responder, pero Nora levantó la mano para detenerla.

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