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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 117

Cristina le dio un sorbo a su té y paseó la mirada por los presentes. Luego, sus ojos se detuvieron en el rostro sumiso de Denisa, que estaba a su lado.

—Denisa ha vivido con los Torres por dieciocho años y fue la esposa de Adrián. Ahora que está viuda, para acallar los rumores de la gente malintencionada y en reconocimiento a su esfuerzo en Altium Médica, la abuela y yo hemos tomado una decisión. El mes que viene, en mi fiesta de cumpleaños, anunciaremos oficialmente que adoptaré a Denisa como mi ahijada.

Hizo una breve pausa antes de sentenciar:

—A partir de ahora, será considerada como una hija más de la familia Torres. Es mi hija, y se le dará todo el respeto y la posición que eso conlleva.

Al escuchar esas palabras, el ambiente en la sala pareció congelarse.

Natalia levantó la mirada hacia su suegra y, casi de inmediato, volvió a bajar la cabeza.

Denisa, evidentemente tomada por sorpresa, se quedó de una pieza.

Instintivamente, miró a Luca. Una marea de emociones complejas y caóticas se agitaba en el fondo de sus ojos.

Sí, deseaba establecer un vínculo inquebrantable con la familia Torres, pero... bajo ninguna circunstancia como una hija de la familia.

—Mamá... me tomas por sorpresa. ¿Cómo fue que decidieron algo así tan de repente? —preguntó Denisa, con evidente nerviosismo en la mirada.

Cristina confundió su asombro con la emoción de alguien que recibe un honor inesperado. Estiró la mano, le tomó suavemente el brazo y le habló con tono maternal:

—Tranquila, Denisa. A partir de hoy, nadie en esta casa intentará echarte. Si alguien se atreve a hacer jugadas sucias a tus espaldas, será como si me escupiera en la cara.

Luca guardó silencio. Era evidente que esa última frase iba dirigida a Natalia.

Para Luca, desde el funeral de su hermano, Natalia había mostrado demasiada ambición. Sentía que se la pasaba aplastando a Denisa, peleando por los proyectos y robando el crédito, lo que tenía muy molesta a su madre.

Las palabras de Cristina eran una advertencia directa para que Natalia no fuera tan avariciosa. A los ojos de Luca, era un buen jalón de orejas.

—Mamá, yo... yo no me merezco algo tan grande, yo... —balbuceó Denisa, echa un mar de nervios.

No sabía cómo reaccionar. Sentía que esa nueva identidad la ataba todavía más.

—Claro que te lo mereces. Sé que eres una buena muchacha: comprensiva, obediente y considerada. Cualquiera desearía tener una hija así de linda —afirmó Cristina, demostrando abiertamente su afecto por ella.

En comparación con la actitud distante de Natalia, que se respaldaba en su talento, la manera complaciente de Denisa la convertía en el ideal de nuera o hija para Cristina.

Natalia sintió un escalofrío.

Entre líneas, su suegra no dejaba de lanzarle indirectas.

Si esto se hacía oficial, Denisa se convertiría en la hermana adoptiva de Luca. Con ese nuevo título, todos los problemas del pasado quedarían sepultados. Si Natalia se atrevía a cuestionar la relación entre ellos, sería vista como una falta de respeto imperdonable.

Natalia era una mujer lista. ¿Cómo no iba a darse cuenta de la verdadera intención detrás de la jugada de Cristina?

—Luca, dinos qué opinas —pidió Cristina. Aunque ya lo había hablado con él en privado, quería que lo dijera en voz alta frente a las dos.

Con una voz rasposa y apagada, Luca respondió:

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