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Quédate con tu cuñada, querido exesposo romance Capítulo 113

Natalia observó el perfil afilado de Darío. Aunque él no mencionó nombres, Natalia ya tenía sus sospechas; simplemente le faltaban pruebas.

—Doctora Ortega, parece que tendremos que quedarnos un día más —dijo Darío. En ese instante, le ordenó a su equipo que investigara a fondo e inició una videollamada con el área legal y los auditores corporativos, justo frente a los clientes.

Natalia no perdió la calma. Si alguien quería impedir que cerrara el proyecto, era su momento de demostrar su valía con hechos.

A lo largo de la tarde, dedicó tres horas a rastrear los datos manipulados de la carta anónima, cruzó la información con sus propios registros y armó una presentación impecable.

Acto seguido, le entregó su reporte al cliente. Al revisar la evidencia, todas las dudas del equipo contrario se disiparon por completo.

—Con el reporte de la doctora Ortega todo queda clarísimo. Que este sea el inicio de una excelente relación comercial.

Darío, que estaba a su lado, no pudo evitar clavar su mirada en Natalia.

Por dentro, respiró aliviado.

Menos mal que se le ocurrió traerla; si no, este teatrito les habría quitado muchísimo tiempo.

La crisis solo sirvió para confirmar el talento de Natalia. Seguramente, quien intentó tenderle la trampa se estaría retorciendo de coraje.

Pensaban que tendrían que prolongar el viaje, pero lograron llegar al aeropuerto antes del atardecer para emprender el regreso.

En primera clase, Natalia se quedó profundamente dormida en su asiento, tal vez por el desgaste de esos días de mucho estrés o simplemente porque por fin había podido relajarse un poco.

Cuando despertó, se sorprendió al ver que traía puesto el saco oscuro de Darío. Giró la cabeza para mirarlo.

Él ni siquiera notó que se había despertado. Seguía concentrado en el reporte del proyecto; sus facciones se veían marcadas y atractivas.

—Gracias por prestarme tu saco —dijo Natalia con gratitud.

Darío extendió la mano para recogerlo y bromeó:

—Aquí sentados no hace tanto frío, pero dormida sí te puede dar. No quería que te enfermaras y me retrasaras el trabajo.

Esa respuesta hizo que Natalia se sintiera aún más agradecida:

—Gracias.

—Ya casi aterrizamos. Y sobre lo de la denuncia, no lo voy a dejar pasar. Voy a llegar al fondo de esto y a darte una respuesta.

Natalia se sorprendió un poco, pero se sintió muy apoyada:

—De acuerdo, te lo encargo mucho.

Natalia se recargó de nuevo y se quedó viendo el paisaje por la ventanilla. La forma de actuar de Darío, a decir verdad, se parecía un poco a la de Luca.

Al aterrizar y prender el celular, a Natalia le entraron varias llamadas perdidas y mensajes de Luca.

Reprodujo un audio y escuchó la tierna vocecita de Iria: [Mamá, ¿ya llegaste? Mi papá y yo vinimos a recogerte. Márcanos luego luego en cuanto bajes.]

Natalia miró a Darío y le avisó:

—Luca vino con Irita, así que me iré con ellos en vez de pedir transporte de la oficina.

Nuestro precio es solo 1/4 del de otros proveedores

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