Melba se notaba bastante avergonzada.
—Me... me fracturé el brazo, así que no he podido lavarme el cabello estos días. Qué pena con ustedes.
Noel le dedicó una sonrisa muy amable.
—No se preocupe.
Melba miró al apuesto y elegante hombre que tenía enfrente.
—¿Y usted es?
—Es un amigo —intervino Nanette.
Melba asintió sin hacer más preguntas y se limpió las lágrimas.
—Qué vergüenza que vean esto. Es culpa mía por no haber sabido educar a mi hijo.
El hombre irrumpió de pronto en la habitación.
—¡Deja de andar llorándole a la gente! ¡Los trapitos sucios se arreglan aquí, ¿me oyes?!
Nanette ya tenía un plan en mente.
Pero antes necesitaba saber qué pensaba hacer la señora.
—Melba, ¿te quieres ir conmigo? —preguntó.
Melba no entendió bien a qué se refería.
—¿Adónde? ¿A la casa de la familia Godoy?
—No a la casa de los Godoy. A la mía. A partir de ahora, te vas a quedar conmigo.
Melba captó el mensaje y le echó un vistazo a su inútil hijo.
—Pero con una condición —recalcó Nanette—. De ahora en adelante, no puedes darle ni un peso más.
De lo contrario, ese barril sin fondo nunca se llenaría.
Melba lo pensó un momento y, armándose de valor, asintió.
—Señorita Nanette, si usted me da la oportunidad, yo me quedo con usted y la cuido como se debe.
El hombre escupió al suelo.
—¡Es mi madre! ¿Se la quieren llevar sin mi permiso? ¡Ni lo sueñen!
Nanette no estaba para darle lecciones de moral.
—¿Y crees que puedes impedirlo?
El hombre lo meditó un momento.
—Bueno, se la pueden llevar, ¡pero me van a tener que pagar!
Nanette ya se imaginaba que esa escoria saldría con algo así.
—¿Cuánto?
El sujeto hizo cuentas mentalmente.
—¡Quinientos mil pesos!
Nanette soltó una risa burlona.
—Trescientos mil.
En el camino hacia allá, Noel había investigado y descubrió que el hombre tenía una deuda de juego de doscientos mil pesos.
—Doscientos mil para que pagues lo que debes por tus apuestas, y los otros cien mil son el último apoyo que Melba te va a dar. A partir de hoy, si vives o mueres, ya no es problema de ella.
Por supuesto, él no iba a aceptar tan fácil.

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