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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 93

Cuando Galileo despertó, sentía que la cabeza le iba a estallar.

La noche anterior había tomado tanto con Luis que ni siquiera se acordaba de cómo había llegado a la habitación.

¿Su habitación?

Edredones con encaje, cortinas rosas, una cama enorme y adornada de estilo clásico; todo el cuarto apestaba a una decoración de princesa.

Ese era el cuarto de Yolanda.

Y no siempre había sido así.

Cuando ella se mudó, mandó a redecorar todo, hasta cambió la cama.

Yolanda no quería dormir en la misma cama en la que había dormido Nanette.

A Galileo le había dado lástima por lo difícil que fue su parto, así que terminó dándole gusto en todos sus caprichos.

Sin embargo, en ese momento, Galileo sintió una extraña nostalgia por la decoración sencilla y hogareña que tenía antes.

De pronto, la mujer a su lado se dio la vuelta.

Galileo le echó un vistazo y de inmediato desvió la vista.

El camisón se le había corrido y dejaba más piel de la que Galileo quería ver. Como estaba lactando, a Yolanda le aterraba oler mal, así que era exageradamente limpia; por lo mismo, su piel solo desprendía un suave aroma a limpio.

A cualquiera le habría ganado el cuerpo, pero a Galileo no se le movió nada por dentro.

Justo cuando iba a quitarse las cobijas para levantarse. Yolanda soltó un quejido suave y abrió los ojos.

—Gali, ya despertaste.

Esa vocecita empalagosa iba directo a donde sabía que podía tentarlo. Galileo tenía ganas de fumarse un cigarro.

Pero se acordó de que la enfermera traería al bebé a comer más tarde, así que se aguantó las ganas.

—¿Por qué amanecí en tu cuarto?

Yolanda tenía una cara de completa satisfacción.

—Ayer tomaste muchísimo con mi papá, llegaste a mi cuarto a tropezones, así que te dejé dormir aquí.

Soltó una risita coqueta.

—Mi papá todavía sigue roncando en el cuarto de visitas.

Galileo no dudó ni por un segundo de la historia.

Y Yolanda se atrevía a mentir con tanto descaro porque tenía el respaldo de alguien más.

El respaldo de Ivón.

Era cierto que Galileo había tomado de más la noche anterior.

Pero apenas se le subieron las copas, cayó rendido.

Fue Ivón quien mandó que lo metieran al cuarto de Yolanda.

Sus intenciones no podían ser más obvias.

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