Nanette pensó que el asunto había quedado ahí, pero de repente Iris exclamó emocionada.
—¡Acabo de llamar a los encargados del lugar turístico! Me dijeron que hay un teleférico que llega directo a la cima de la montaña. ¡Qué maravilla, vicepresidenta Larco, así podrá acompañarnos!
Nanette se quedó sin palabras.
Esta pillina a veces se pasaba de eficiente.
Era cierto que la había visto alejarse para hacer una llamada, pero jamás imaginó que sería para eso.
Al escucharla, Jovita se alegró muchísimo.
—¡Qué bueno, Srta. Larco! Así podremos hacernos compañía.
Nanette se sintió entre la espada y la pared. No podía simplemente rechazarla y hacerla quedar mal frente a todos, así que no le quedó más remedio que aceptar a regañadientes.
—Voy a mi habitación a cambiarme de ropa.
—Perfecto —dijo Jovita—. La esperamos en el autobús.
Cuando Nanette salió de su habitación, Gael la estaba esperando, apoyado contra la pared con las manos en los bolsillos.
—¿En serio vas a ir?
—¿Y qué más hago? —suspiró Nanette—. Me invitaron con tanto entusiasmo.
—Si no quieres ir, no vayas y punto.
—Ya dije que sí.
Gael torció los labios con una expresión cargada de significado.
—La verdad es que...
Era raro verlo titubear, lo que despertó la curiosidad de Nanette.
—¿Qué quieres decir?
—La verdad es que eres mucho mejor que ella en todos los aspectos.
Nanette se quedó pasmada.
—¿Por qué me dices esto de repente?
—Porque no quiero que te sientas inferior a ella o que te deprimas —respondió Gael con sinceridad.
Nanette soltó una risa suave.
—Estás imaginando cosas. Nunca he pensado eso. Además, exageras un poco, ¿no crees? ¿En todos los aspectos? Al menos en cuanto a origen familiar y estatus, ella me supera por mucho.
Subieron al autobús.
El asiento que ella había ocupado antes ya estaba tomado.
Noel estaba sentado junto a Jovita.
Gael le lanzó una mirada a Noel y, justo cuando Nanette iba a sentarse en el asiento de la ventana de otra fila, la detuvo.
—Siéntate del lado del pasillo.
—Me gusta ir del lado de la ventana —dijo Nanette sin pensar demasiado.
Noel la miró de reojo, sin decir una palabra.
—Hablando en serio, en el mundo del espectáculo he visto todo tipo de mujeres hermosas, pero es la primera vez que veo a alguien como la Srta. Larco. No, bonita no es la palabra correcta... es hermosa. Su belleza tiene un encanto único.
Era una belleza que no caía en lo ordinario o en los estándares artificiales.
Hasta Jovita sentía un poco de envidia.
—¿Tú qué opinas, Noel?
Él se recostó en el respaldo del asiento y cerró los ojos.
—Está bien.
—¿Solo está bien? —rio Jovita—. Noel, tus estándares son demasiado altos.
Tras pensarlo un segundo, añadió:
—El esposo de la Srta. Larco también debe ser alguien excepcional, seguro hacen una pareja de ensueño.
Los labios del hombre se movieron, fríos y distantes.
—Está divorciada.
—¿Ah? —Jovita se tapó la boca, temiendo que alguien la escuchara por hablar muy alto—. ¿De verdad?
Noel abrió los ojos y ladeó un poco la cabeza.
—¿Qué más quieres saber? Te lo diré todo, detalle a detalle.

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