Fiel a su estilo, Gael fue aún más cortante esta vez; ni siquiera se molestó en responder al saludo de Iris y se dirigió directamente a Nanette.
—No me interesa para nada subir montañas. Así que perfecto, yo me quedo a hacerte compañía.
Nanette sonrió, exasperada.
—No necesito que nadie me haga compañía. Los dos se van a disfrutar el paseo.
—No.
—Ni hablar.
Ambos respondieron al mismo tiempo. Era casi cómico lo sincronizados que estaban.
Gael frunció el ceño y miró a la chica.
—¿Se lo dices tú o se lo digo yo?
Iris, nerviosa, retrocedió un paso.
—Tú, díselo tú.
—Sabes qué, olvídalo. Díselo tú. Los caballeros no peleamos con mujeres.
Era para morirse de risa.
Nanette le lanzó una mirada fulminante a Gael.
Ese chico nunca tomaba nada en serio. ¿De verdad tenía que usar tácticas tan infantiles para poner distancia entre él e Iris? No había necesidad de ser tan rudo.
Afortunadamente, Iris no se tomó a pecho su actitud.
—Vicepresidenta Larco, de verdad prefiero quedarme con usted. Si el señor Cortés se entera de que la dejé sola en el hotel, me va a regañar.
El corazón de Nanette dio un vuelco.
A pesar de haber pasado toda la noche mentalizándose, el solo hecho de escuchar el apellido de Noel todavía tenía el poder de sacudirla por dentro.
—Señorita Larco.
La voz de Jovita cortó la conversación de tajo.
Nanette giró la cabeza.
Jovita y Noel caminaban juntos hacia ellos. Ambos lucían impecables, como la viva estampa de la pareja perfecta; un cuadro de elegancia y armonía inigualables.
Nanette cruzó miradas con Noel por una fracción de segundo.
Los ojos del hombre pasaron por su rostro con total indiferencia y se apartaron casi al instante.
—Señorita Larco, ¿no acordamos que hoy iríamos todos juntos a la montaña a pedir por buena fortuna? ¿Por qué no se ha puesto ropa deportiva?
Jovita llevaba un conjunto deportivo blanco impecable, con el cabello recogido en una cola de caballo. Gracias a su excelente cutis y complexión esbelta, parecía una estudiante universitaria.
A su lado, Noel vestía un conjunto deportivo en un tono gris claro, que complementaba perfectamente el atuendo de Jovita, dándoles el aire de una pareja sincronizada hasta en el más mínimo detalle.
Cuando Jovita estaba a punto de insistir de nuevo, Gael se interpuso entre ellas.
—Nuestra vicepresidenta Larco está embarazada. No está en condiciones de escalar montañas.
Jovita se quedó estupefacta por un segundo antes de que su rostro se iluminara con genuina sorpresa.
—¿Está esperando un bebé? ¡Qué maravilla! ¿Es cierto?
—Sí. Tengo un poco más de tres meses —confirmó Nanette con calma.
—¡Dios mío, qué emoción! —Jovita no pudo evitar mirar el vientre de Nanette con fascinación—. No se le nota absolutamente nada. Tiene una figura envidiable, jamás habría imaginado que estuviera embarazada.
—Seguro empezará a notarse en unas semanas.
Jovita se volvió hacia Noel, haciendo un adorable puchero.
—Noel, ¿por qué no me contaste que la señorita Larco estaba embarazada? Eres un despistado.
La actitud mimada y coqueta de Jovita habría derretido el corazón de cualquier hombre.
Sin embargo, el magnate permaneció con el rostro esculpido en piedra. Apenas movió los labios para pronunciar dos palabras:
—Ya vámonos.
—Ay, qué aburrido eres. Bueno, señorita Larco, supongo que tendrá que quedarse a descansar. ¡Qué lástima! —se despidió Jovita, agitando la mano con gracia.
Nanette forzó una sonrisa, sintiendo que los músculos de su rostro estaban a punto de colapsar.

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