En ese momento, Sabina le envió un mensaje.
[Nanette, cariño, ¿te gustaría venir a cenar con nosotros este fin de semana?]
Nanette no lo pensó dos veces y le contestó enseguida.
[Por supuesto, madrina. Ahí estaré.]
Desde que había sido adoptada como ahijada, sentía que había ganado una verdadera familia. Sabina era tan atenta y amorosa que a Nanette le costaba creer que todo fuera real.
Venancio estiró el cuello para husmear en la pantalla, sin ningún respeto por el espacio personal.
—¿Quién te escribe?
Nanette le mostró la pantalla directamente.
—Mi madrina. Me invitó a cenar este fin de semana.
Venancio torció los labios.
—Ah, la tía de Noel. Eso significa que él también va a ir.
Nanette parpadeó, sorprendida; no lo había considerado.
—No estoy segura.
Venancio volvió a su actitud de donjuán desvergonzado.
—Pues pregúntale y ya.
Tenía lógica.
Venancio se dio la media vuelta y empezó a caminar hacia la salida.
—¿Ya te vas así nomás? —le preguntó Nanette.
Él le contestó sin voltear:
—Pues claro, ¿qué quieres, que me quede aquí a ver cómo derraman miel?
Nanette negó con la cabeza, riendo por lo bajo. A ese hombre le era imposible soltar una frase sin buscarle el doble sentido.
Abrió el chat con Noel y le mandó un mensaje rápido.
[Mi madrina me invitó a cenar el fin de semana.]
Noel no tardó ni un minuto en contestar.
[Sí, mi tía me avisó. Yo también iré.]
[Oh, perfecto.]
[Es el cumpleaños de mi tía.]

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