Por supuesto, Nanette no iba a delatar a Camila.
—Galileo, si hubiera querido hacer eso, lo habría hecho el día del club. ¿Por qué iba a ayudarte entonces?
Galileo lo pensó un momento.
Tenía razón.
Ese día Nanette los había encubierto para que Yolanda no los descubriera. Si realmente quería arruinarlo, no tenía sentido que lo ayudara.
—¡Si no fuiste tú, entonces fue tu queridísima amiga! Nunca imaginé que terminaría trabajando en Nube Alta.
Nanette no perdió la calma y comenzó a guiarlo astutamente.
—¿Y no será obra de tu amada prometida?
—¡Cómo va a ser Yolanda! —escupió él sin pensar—. ¿Por qué haría algo así?
—Porque no quiere que sepas que mandó a alguien a seguirte. Así que tomó la foto y se la envió a sí misma por correo para que no sospeches de ella.
»De ese modo, es lógico que la foto llegue a manos de tu abuela. Ella se limpia las manos y deja que sea la Matriarca quien te ponga en tu lugar.
Galileo se quedó en silencio.
Pensándolo bien, tenía lógica.
Nanette aprovechó su duda para rematar.
—Galileo, el punto aquí no es descubrir quién tomó la foto, sino cómo vas a enfrentar la furia de tu abuela.
»Así que, en lugar de perder el tiempo conmigo, mejor ponte a pensar en cómo vas a salir de esta.
Dicho esto, le colgó.
Galileo no volvió a llamar, probablemente ya estaba maquinando su defensa.
Nanette le envió un mensaje a Camila.
[¿Lo enviaste por mensajería exprés o qué? Qué rapidez. Galileo la va a tener difícil hoy].
Camila respondió enseguida:
[Las venganzas deben ser rápidas y certeras, así se disfrutan más].
Nanette: [+1. Cuando vuelvas te invito a comer algo delicioso].
Camila: [Quiero los panecillos del Pabellón Dorado].
Nanette: [Hecho. Come todo lo que quieras].
Cumbres de la Reina.
Anatolia acababa de regresar nuevamente por los problemas del hospital estético.
Estuvo a punto de desmayarse por culpa de las fotos.
Afortunadamente, después de mover todos sus hilos, la situación del hospital había mejorado un poco y su humor no era tan negro.

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