Después de pensarlo un buen rato, finalmente se atrevió a hablar.
—Gali, ¿no podría Dina irse al extranjero un poco más tarde? Digo, ya que estamos a punto de casarnos, ella tendría que estar en nuestra boda, ¿no crees?
Galileo frunció el ceño.
—¿Fue a llorarte? ¿Te pidió que intercedieras por ella?
Yolanda se recargó en su hombro con una risita coqueta.
—Siempre adivinas todo. A tu lado siento que soy muy tonta.
Pero la voz de Galileo se volvió glacial.
—El asunto de Dina no está a discusión. La próxima semana se va del país.
Solo enviándola al extranjero se asegurarían de que no causara más problemas.
Si se quedaba, con el carácter que tenía, quién sabe qué nuevo desastre iba a provocar.
Por mucho poder e influencia que tuviera la familia Godoy, no podían estar resolviendo sus berrinches todos los días.
Yolanda se sintió decepcionada.
Creía que con un par de palabras dulces lograría hacerlo cambiar de opinión.
Pero él la cortó en seco sin titubear.
Simplemente se negó.
¿Acaso ya no significaba nada para él?
Antes, no importaba qué capricho tuviera ni qué locura pidiera, su querido Gali siempre la complacía y mimaba sin límites.
Resistida a darse por vencida, Yolanda insistió.
—¿Ni siquiera podrá asistir a nuestra boda? Dina se va a poner muy triste. Déjala quedarse solo un poco más.
Galileo ignoró su petición por completo, y su tono de repente se volvió mucho más suave.
—Yolanda, ¿puedo hablar contigo sobre algo importante?
Yolanda se sorprendió gratamente.
—Gali, ¿escuché bien? ¿Quieres consultarme algo?
Últimamente, él era quien tomaba absolutamente todas las decisiones.
Galileo le tomó la mano, mirándola con ternura.
—¿Podemos hacer una boda íntima?
Yolanda se quedó paralizada. —Una boda... íntima. ¿A qué te refieres?
—Me refiero a no hacer una fiesta enorme. Solo una comida sencilla entre las dos familias.
Yolanda sintió que se quedaba sin aire.
—Pero tu abuela y mi papá acordaron que nuestra boda sería espectacular...
Su abuela Anatolia había dejado muy claro que, siendo la heredera de la familia Camoso, de ninguna manera podía conformarse con algo menos que perfecto.
¿Esto era una "boda íntima"?
¡Esto era prácticamente no casarse!
El enojo de Yolanda comenzó a encenderse.

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