Nanette caminó hacia la sala privada.
Para su sorpresa, Noel no se había ido muy lejos; la estaba esperando a unos pasos de distancia.
Sintió una cálida tranquilidad en el pecho y aceleró el paso hacia él.
—¿Por qué no entraste?
—Quería tomar un poco de aire.
Nanette no le dio más vueltas al asunto.
—Mmm.
—¿Terminaste de hablar?
—Sí, ya terminamos.
Mientras caminaban, Nanette se quedó sumida en sus pensamientos.
—Noel.
—¿Sí?
—¿No crees que el amor tiene un poder extraño? A veces, aunque sepas que eres como una polilla volando hacia el fuego, te lanzas de todas formas, sin importar las consecuencias.
Noel la miró fijamente, con un destello de confusión en los ojos.
Nanette sonrió con torpeza. —No lo digo por mí, aunque bueno, me pasó algo parecido.
¿Acaso no se había lanzado al fuego hace años, amando a Galileo hasta perder la razón?
—Irene me acaba de decir que ama a Galileo. Quería aconsejarla para que abriera los ojos, pero sabía que sería inútil.
Esa cosa llamada amor... a menos que te lastime hasta desgarrarte el alma y te deje cicatrices imborrables, rara vez logras despertar.
Igual que le había pasado a ella.
Noel guardó silencio por un par de segundos.
—Si quiere amar, que ame. Aunque sea como una polilla hacia el fuego, al menos sabrá lo que se siente amar de verdad.
Nanette notó que la expresión de Noel era algo extraña.
¿Acaso estaba recordando a aquella chica de la que había estado enamorado en secreto?
No pudo evitar preguntar: —¿Te acordaste de la persona que te gustaba? ¿Te arrepientes de no haberte lanzado a amarla cuando pudiste?
Una sonrisa teñida de amargura apareció en los labios de Noel.
—Tal vez.
De repente, Nanette recordó algo.
—Hace un rato dijiste que les darías un gran regalo cuando se casaran. ¿Hablabas en serio?
Noel sonrió levemente. —Totalmente en serio.
—Será un desperdicio de dinero.
—No cuesta nada. Es solo un papel.
Nanette lo miró, sorprendida.
—¿Un papel?
—Sí. A nosotros no nos sirve de nada, pero para el señor Godoy será sumamente útil.
Nanette frunció el ceño, tratando de adivinar de qué se trataba.
Su expresión concentrada la hacía lucir adorable.
Noel no pudo evitar que las comisuras de sus labios se elevaran.
Se inclinó un poco hacia ella y le susurró un par de palabras al oído.
Nanette tardó unos segundos en procesarlo.
Finalmente, soltó una carcajada cargada de sarcasmo.

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