—El señor Cortés es muy protector contigo.
Nanette sabía que no lo decía con mala intención.
—Sí, es una buena persona.
—No es bueno contigo solo porque sea una buena persona, sino porque quiere serlo.
Nanette se quedó pensativa un segundo.
—¿Qué intentas decir?
Irene esbozó una suave sonrisa.
—Nada en particular. Solo creo que hacen una muy bonita pareja.
—Él tiene...
Nanette se detuvo, sonriendo levemente.
—Él es mi jefe y también un gran amigo. Compartimos muchos gustos e intereses, por eso nos llevamos tan bien. Eso es todo.
Irene sonrió y no insistió en el tema.
—Tarde o temprano, el señor Godoy se enterará de que estás trabajando en Nube Alta.
—No me importa.
—Es probable que vaya a buscarte por eso.
—Que haga lo que quiera.
A partir de ahora serían colegas de la misma industria, y San Lirio no era tan grande, lo más seguro era que ella y Galileo se cruzaran a menudo en el futuro.
Pero ya no como esposos.
Sino como rivales.
Un destello de tristeza cruzó la mirada de Irene.
—Él ya siente algo por ti.
Sentía tanto que, cuando le hacía el amor con locura, el nombre que susurraba en su oído era el de ella.
Nanette soltó una risa seca.
—Galileo es un hombre sin corazón. Nunca le importaría nadie de verdad. Solo está molesto porque de repente perdió algo que consideraba suyo. Es puro orgullo herido.
Irene se quedó en silencio por un momento.
—Tal vez tengas razón.
La conversación parecía haber llegado a un punto muerto.
—No te molesto más —dijo Irene—. Gracias de nuevo.
Nanette dudó un instante.
—Tú...

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó