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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 317

Nanette frenó de golpe por el susto y se quedó unos minutos intentando recuperar el aliento.

Cuando vio quién bajaba del otro vehículo, lo maldijo por dentro con todas sus ganas. Le dieron ganas de arrancar y largarse sin darle el gusto de una sola palabra.

Galileo intentó abrir la puerta de su auto a la fuerza.

Estaba bloqueada.

Golpeó la ventana con semblante oscuro y exigió:

—Abre la puerta.

Nanette bajó el cristal apenas unos centímetros.

—Galileo, si sigues así, voy a llamar a la policía.

Antes de que él pudiera decir algo, ella añadió sarcásticamente:

—Ah, lo olvidaba. La poderosa familia Godoy cree que todo se arregla con dinero, así que supongo que llamar a la policía no me servirá de nada.

—Bájate del auto, necesito hablar contigo.

Nanette no cedió ni un centímetro.

—No tengo tiempo.

Galileo lanzó su ultimátum.

—O te bajas y hablamos como gente civilizada, o nos quedamos aquí bloqueando el paso todo el día.

En ese momento, otro auto se acercó. Al ver el camino obstruido, tocó la bocina.

Galileo se irguió, altanero, y con un movimiento de la mano mandó al otro conductor a hacerse a un lado.

El otro conductor, queriendo evitar problemas, dio marcha atrás y tomó una ruta alterna.

"¡Qué falta de modales!", maldijo Nanette para sus adentros.

Sabía que si no se bajaba, él no la dejaría ir.

Galileo, ya sin paciencia, insistió.

—¿Vas a dejar que siga bloqueando la calle?

A Nanette no le quedó más remedio que bajarse.

—¿Podrías al menos estacionar bien tu auto? La calle no es tu propiedad privada. Ten un poco de educación.

—¿Para que te escapes mientras me estaciono?

Nanette soltó una sonrisa sarcástica.

—Yo no soy la que anda haciendo cosas a escondidas. No tengo por qué huir.

Galileo la miró con desconfianza, pero finalmente fue a mover el auto.

Al terminar, cerró la puerta con tanta fuerza que el ruido resonó por todo el lugar.

Nanette lo observó sin la más mínima emoción, pensando en lo ridículo que se veía.

Para ser un hombre de su edad y posición, le faltaba mucho control emocional.

Galileo se acercó y fue directo al grano.

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