Todas las miradas se centraron en Nanette.
Especialmente la de Sabina, cuyos ojos desbordaban expectativa.
Nanette no pudo evitar recordar lo que Sabina le acababa de decir.
Si su respuesta podía hacer realidad el profundo deseo de una mujer de ser madre, ¿por qué no aceptarlo?
Nanette esbozó una sonrisa radiante y, sin rodeos, los llamó por su nuevo título.
—Madrina... Padrino.
Esto dejó a la pareja completamente estupefacta.
Pensaban que Nanette lo meditaría, o que incluso se negaría, y de repente ya los estaba llamando así.
Sabina, visiblemente conmovida y emocionada, se dio la vuelta y corrió hacia la habitación.
Quintín, siendo un hombre experimentado en su puesto de director, mantuvo su rostro sereno, pero la ligera curvatura de sus labios delató su inmensa alegría.
Pronto, Sabina salió de la habitación con una cajita de madera en las manos.
Dentro de la caja había una pulsera finísima, de esas que cuestan una fortuna.
—Esto me lo regaló tu padrino cuando nos casamos. Quizá no sea lo más caro del mundo, pero tiene un gran valor sentimental para mí.
»Y hoy quiero dártelo a ti como regalo de bienvenida a la familia.
Nanette no se atrevía a aceptarlo.
—Madrina, esto es demasiado valioso, no puedo aceptarlo.
Sabina fingió enojarse.
—¡Claro que puedes! ¡Debes hacerlo! De ahora en adelante eres nuestra hija, y es natural que los padres le den regalos a su hija.
Nanette se sentía muy indecisa.
—De verdad no puedo, madrina, es demasiado...
—Acéptalo —intervino Quintín—. Tu madrina rara vez se encariña tanto con alguien. Quizá este sea el destino que nos une. Si lo rechazas, le vas a romper el corazón.
Nanette estaba entre la espada y la pared.
¿Qué debía hacer?
Noel tomó la caja, sacó la pulsera exquisita y se acercó a ella.
—¿Por qué no te la pruebas?
¿Eh?
Antes de que Nanette pudiera reaccionar, Noel tomó su mano y deslizó la pulsera por su muñeca.
La pulsera le quedó justo en la muñeca, fina y luminosa, como si siempre hubiera sido suya. Los ojos de Noel destellaron.
—Se te ve hermosa.
—Así es, te queda perfecta, Nanette —agregó Sabina—. No le busques más, mi niña: recíbelo y ya, haznos ese gusto.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó