—Estaba en una reunión, dejé el teléfono en la oficina.
—Mhmm.
—Vamos a mi oficina.
—De acuerdo.
Iris preguntó con tacto:
—Señor Cortés, ¿desea que les lleve jugo y bocadillos?
Noel miró a Nanette.
—No es necesario, gracias —dijo ella.
Entraron a la oficina.
Ambos se sentaron en el sofá y, por un momento, se quedaron mudos.
—Tú... —empezaron a decir.
—Yo...
Hablaron al mismo tiempo.
El ambiente se volvió un poco incómodo.
—Habla tú primero —dijo Noel.
Nanette sacó el Acuerdo de Mediación de su bolso.
—Me divorcié oficialmente de Galileo.
Noel le dio un vistazo.
—Mhmm.
—Además... —Nanette de pronto se sintió algo incómoda.
Era la primera vez que le costaba tanto encontrar las palabras para disculparse.
—Vine a pedirte disculpas. Ese día no debí enojarme ni decirte esas cosas.
Noel habló con tono sereno.
—Tenías razón, haberme involucrado tanto en tus asuntos seguramente te hizo sentir incómoda.
Nanette se quedó un poco sorprendida.
—No me refería a eso...
Noel tomó un cojín, igual que la vez anterior.
—Apóyate aquí, estarás más cómoda.
Dicho esto, le acomodó el cojín en la zona lumbar.
Nanette sintió una calidez en el pecho y lo miró con sinceridad.
—No te culpo por haberte involucrado. En verdad, de todo corazón te agradezco todo lo que has hecho por mí. Es solo que...
»Es solo que siento que, cada vez que pasa algo, soy incapaz de resolverlo por mí misma y tengo que depender de ti y de los demás.

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