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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 286

Era la primera vez que Nanette entraba a la casa de los suburbios del sur.

Al abrir la puerta, se quedó pasmada.

La decoración era tan lujosa que parecía irreal. De pronto, una profunda tristeza invadió el pecho de Nanette.

Todo, desde el estilo arquitectónico, el color de los muebles y las cortinas, hasta el más mínimo detalle de los cuadros en la pared, era exactamente de su gusto.

Si no se equivocaba, todo aquello lo había elegido su padre personalmente.

Él era quien mejor la conocía; sabía perfectamente lo que le encantaba y lo que detestaba.

Su padre siempre le decía que, aunque por fuera aparentara ser fuerte, valiente y que nada le importaba, en el fondo tenía un corazón de oro. Decía que, aunque se hiciera la dura, por dentro era pura sensibilidad y se le iban los ojos con las cosas bonitas.

Venancio salió al balcón y soltó una exclamación de asombro.

—¡No manches, Nanette! Este departamento está increíble. Le da mil vueltas al de Altavista Premier.

Aunque estaba lejos del centro, la zona no se sentía para nada abandonada o solitaria.

Al contrario, tenía un aire de exclusividad muy particular.

Estaba construido frente a un lago, rodeado de árboles, y el paisaje era espectacular. Además, con ese enorme balcón con ventanales de piso a techo, la iluminación era perfecta y la vista, inmejorable.

Con esta distribución y ese entorno, uno podría pasarse todo el día tirado frente a la ventana sin aburrirse en lo absoluto.

Camila dio una vuelta por el lugar, fascinada.

—Oye, Nanette, ¿y si me compro uno aquí y nos hacemos vecinas?

Nanette, por supuesto, estaba encantada con la idea.

—¡Claro! Me fascinaría.

Venancio pasó un brazo por los hombros de Noel.

—Oye, Noel, cómprame uno a mí también. Yo también quiero ser vecino de Nanette.

Noel lo miró de reojo.

—Todavía es de día.

—¿Qué quieres decir con eso? —preguntó Venancio, confundido.

Camila soltó una carcajada.

—Te está diciendo que dejes de soñar despierto, idiota.

Venancio, lejos de molestarse, sonrió con malicia.

—Señorita Mancilla, ¿y si mejor compras tú un departamento, me guardas un cuartito y me voy a vivir contigo?

Camila le puso los ojos en blanco.

—¿De dónde sacas tantas tonterías?

—No te olvides de que, ahora mismo, soy tu novio —le recordó Venancio.

—Hazme el favor de agregarle la palabra «falso» a esa frase.

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