—Pero si no lo consigues, te olvidas de esta oportunidad para siempre. Aunque me ofrezcas el doble, no te las voy a vender.
¿Tres días?
Nanette sabía perfectamente que Galileo solo quería ponérsela difícil.
—No hacen falta tres días, con uno basta —interrumpió Venancio de repente.
—Mañana mismo, Galileo puede traer los contratos para firmar.
Nanette miró a Venancio sorprendida.
Esto no era un juego de niños.
Venancio le guiñó un ojo.
—Señorita jefa, ¿tendría algún inconveniente si me convierto en su socio?
Nanette no se esperaba para nada esa propuesta y se quedó sin palabras por un instante.
—Ya sabes cómo soy, mi pasión son las inversiones. El Grupo Larco pasó por una mala racha, es cierto, pero el potencial que tiene a futuro es inmenso. Sería una tontería dejar pasar un negocio tan bueno.
Nanette aún dudaba.
—¿Hablas... en serio?
Venancio, en una rara muestra de seriedad, la miró fijamente.
—Completamente en serio. Ahora todo depende de ti.
Nanette lo analizó rápidamente.
La verdad es que era una excelente salida.
No solo resolvía su problema económico inmediato, sino que además conseguía un aliado bastante útil.
Venancio no solo era bueno poniendo dinero, también tenía un talento nato para los negocios y la gestión de empresas.
Esto era como ver la luz al final del túnel.
Venancio: —Entonces qué, Galileo, ¿firmamos mañana?
Galileo clavó una mirada sombría en Nanette.
Venancio soltó una risita.
—¿Qué pasa? ¿Te echaste para atrás? Vamos, Galileo, no quedes como un cobarde. Hace ratito te veías muy seguro de ti mismo.
Apretando la mandíbula del coraje, Galileo finalmente cedió.
—De acuerdo, mañana firmamos.
Sin decir más, dio media vuelta y se subió a su coche.
Aceleró a fondo y desapareció en la calle.
Nanette se quedó pensativa unos momentos.
Venancio, con las manos en los bolsillos, le dio un ligero golpe con el codo.
—¿Qué tanto piensas? Quita esa cara de preocupación, ya resolvimos tu problema.
Nanette suspiró.
—Sé perfecto que el grupo no te interesa en absoluto y que solo lo haces para sacarme de este apuro. Es un favor enorme y de verdad no tengo idea de cómo pagártelo.
Venancio volvió a su actitud relajada y bromista.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó