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No recogí amor basura: divorcio embarazada, el CEO me coronó romance Capítulo 230

Eloísa ni siquiera se molestó.

—Pues haré de cuenta que crie a una malagradecida. Mejor que no me reconozcas, así me ahorro que me salgas con lloriqueos para tratar de darme lástima.

Nanette no estaba de humor para jueguecitos.

—No me interesa darle vueltas al asunto. Vamos a hablar claro.

Eloísa cruzó la pierna.

—Me parece perfecto.

Nanette se sentó frente a ella.

—Si no me equivoco, ya te enteraste de lo del testamento de papá.

El rostro de Eloísa se endureció.

—Nunca me imaginé que mi propio esposo me fuera a dar la espalda de esa forma. Ni muerto me dejó en paz, el muy cabrón le dejó la mayor parte de las empresas a ti.

—Y yo que ya estaba preparándome para arrastrarte a los juzgados... pero mira, las vueltas que da la vida —rio con cinismo.

—¡Para que veas, resultó que tu querida madrecita sigue viva!

—¡El viejo de Guillermo también me salió malagradecido! Se le olvidó cómo lo ayudó mi familia cuando apenas estaba empezando con los negocios. ¡Cómo se atrevió a traicionarme así!

Nanette sintió asco de solo escucharla.

—Ya perdí la cuenta de cuántas veces has dicho eso. Sí, es cierto que tu familia ayudó a papá al principio, pero todo este imperio de la familia Larco se lo construyó papá con el sudor de su frente, trabajando día y noche.

—Lo poco que te ayudaron, papá se los pagó con creces hace años. Pero tú te agarraste de ahí para chantajearlo toda su vida. Eloísa, no solo eres una avariciosa, también eres una sinvergüenza.

—¡Tú qué vas a saber, escuincla! —gritó Eloísa enfurecida—. ¡Sin mi familia, Guillermo no hubiera sido nada!

—¡Y el muy descarado se atrevió a mantener a la estúpida de tu madre a mis espaldas por más de veinte años!

—¡Falsificó su acta de defunción y me vio la cara todo este tiempo!

—¡Pero Dios es grande y me enteré de todo! Si no, me hubiera muerto engañada.

Aprovechando el coraje de la mujer, Nanette disparó:

—Entonces, la muerte de papá no tuvo nada que ver con lo que le dijo Galileo. Cuando papá volvió a su cuarto, te peleaste con él por culpa del testamento, ¿verdad?

—¡Sí! —soltó Eloísa sin pensar.

De pronto, se hizo un silencio absoluto en la sala.

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