—Y como estás embarazada, no se te puede dar cualquier medicamento, así que tuvimos que bajarte la fiebre con paños fríos.
Venancio también soltó un suspiro.
—Y sobre Guillermo... tu mamá ya se llevó sus cenizas al panteón.
Nanette sintió otra punzada en el corazón.
—Quiero ir a ver a mi papá.
Venancio la detuvo por los hombros.
—Por favor, te lo ruego, ¿podrías dejar de agobiarte un rato? ¿Qué no vas a pensar en el bebé que llevas en la panza?
Hasta entonces Nanette se quedó quieta.
Tenía razón, todavía llevaba a un niño en el vientre.
A Venancio le daba mucha pena verla así.
—De por sí estás bien flaquita, luego todo este relajo, luego los golpes, no andas comiendo bien, y ahora con fiebre. La neta no sé cómo aguanta tu bebé.
Camila le dio un manotazo.
—¡Calla esa boca, no eches la sal! Mi ahijado es un guerrero.
—¡Sí, pero por más guerrero que sea, no aguanta tanta friega! —replicó Venancio.
—¿Y tú desde cuándo te crees el papá? —le reclamó Camila.
—Nanette se va a casar conmigo algún día, ¿entonces de quién más va a ser el hijo?
Camila puso los ojos en blanco.
—Ay, por favor, ya te andas haciendo tus chaquetas mentales.
Venancio volteó a ver de reojo a Noel, pero sus palabras iban para Nanette:
—Ya firmaste los papeles del divorcio, así que ni le pienses en volver a esa casa. Quédate a vivir aquí, le voy a decir a Camila que se mude contigo para que se echen la mano entre las dos.
A Camila le encantó la idea y hasta aplaudió.
—¡Híjole, qué buena idea! Mañana mismo me traigo mis chivas.
Nanette se sobó las sienes, que le palpitaban de dolor.
—No hace falta. Por ahora, necesito estar sola y asimilar todo.
Venancio y Camila cruzaron miradas.
Nanette soltó un suspiro profundo.
—Sé que se preocupan por mí, pero quédense tranquilos. Voy a hacer todo lo posible por animarme.
Nanette volteó a ver a Noel.
—Noel tiene razón, mi papá no me abandonó, solo cambió su forma de acompañarme. Algún día nos vamos a volver a encontrar.
Venancio chasqueó la lengua.
—Uy, o sea que lo que yo te digo te entra por una oreja y te sale por la otra, pero lo que te dice el señor Noel sí te llega al corazón. Me estás haciendo el feo muy gacho.
Nanette la verdad no tenía ánimos para bromas.
Al verla tan exhausta, decidieron no molestarla más.

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