Por la noche. En el Club Cúpula Noir.
En cuanto Nanette y Venancio aparecieron, Camila salió casi brincando a recibirlos, emocionadísima.
Venancio la hizo a un lado de un empujón.
—¡Aguas, bruta! ¡¿No ves que está delicada?!
Camila perdió el equilibrio y por poco se va de bruces contra el suelo.
Por suerte, Noel la agarró del brazo.
El roce fue mínimo, pero a Camila le bastó para quedarse tiesa un segundo, como si le hubieran jalado el aire del pecho.
Se separó de él rápidamente y le dedicó una sonrisa de agradecimiento, cayendo en cuenta de la situación.
—Ay, se me fue el avión por completo. Perdón, perdón.
Camila jaló a Nanette hacia el área de los sillones.
—Qué bueno que viniste, de verdad. Estaba rodeada de puros batos, soy la única mujer.
Venancio no perdió la oportunidad de molestarla:
—Qué mejor, puros galanes para que esta flor brille.
Camila imitó una voz súper refinada.
—Vaya, qué milagro que el joven Venancio dice algo con sentido.
Venancio esbozó una sonrisa maliciosa.
—Lástima que seas tan hocicona.
Camila andaba de muy buen humor y prefirió ignorarlo.
Nanette también notó que su amiga andaba mucho más alegre de lo normal.
—Te ves de súper buen humor.
—Pues claro, en mi casa ya me prometieron que no me van a volver a obligar a ir a citas a ciegas.
—¿Y cómo convenciste a tus papás?
—Pues les dije que ya tengo novio.
Hasta Venancio se sacó de onda.
—No me digas que el supuesto novio soy yo...
—Ay, mira qué listo saliste —le contestó Camila.
—¡No manches, Camila! No se vale usar a la gente cada que se te antoja. La vez pasada te hice el paro por Nanette y me la tragué, pero esta vez, ni lo sueñes.
Camila le guiñó un ojo con picardía.
—Soy la mejor amiga de Nanette.
—¿Y luego?
—¿Hazlo por ella?
Los ojos brillantes de Venancio dieron un giro de comprensión.
—Qué rápida eres para armarla. ¡Va! Solo por quedar bien con Nanette te hago el paro una última vez.
—Te debo una grande.
—Claro que me la debes.

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