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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 77

—Papá, me tengo que meter porque todos ustedes son demasiado educados para decir lo que realmente piensan…

Georgia siguió de manera acalorada.

—Que esto es una negociación seria, Sra. Calder, no un desfile de modas. Estamos hablando de más de medio millón de dólares, ¿usted qué va a saber de manejar un negocio ganadero?

—Georgia, ya basta... —Clayton intentó frenar el asunto, pero ya estaba en marcha.

—Sé lo suficiente, como la hija del hombre que ayudó a desarrollar los Wagyu Tajima de la familia Calder.

Lilianne se levantó también con la chispa del tequila en su sangre.

—Administraba la hacienda principal con mi padre, sé muy bien de lo que le hablo. ¿Pero usted asegura que hay más opciones en Australia para hacer tratos?

Lilianne la miró con la burla implícita en sus ojos.

—Es cierto. Sin embargo, busque quién se llevó el último Grand Champion en el Wagyu Branded Beef Competition.

—No tengo que buscar nada, nosotros…

—¡Usted es la que debería informarse antes de abrir la boca, Srta. McCall, y no poner en ridículo a su familia! —la voz de Lilianne se elevó a un tono duro.

—Si la trajeron para repartir los tragos, debió quedarse en eso.

—Sra. Calder, creo que es suficiente… —el Sr. McCall al fin intervino, poniéndose de pie con enojo.

—Estoy de acuerdo en que es suficiente —la voz afilada de Douglas se escuchó también en el salón, que de repente se llenó de tensión.

Se levantó, parándose al lado de Lilianne y sosteniendo su cintura en un gesto protector.

—Dijimos lo que teníamos que decir con respecto al negocio de los embriones. Las reses tienen un precio aparte y, para su conocimiento… mi esposa fue bastante generosa con su propuesta.

Douglas miró directamente a los ojos serios del señor mayor, luego a su hijo Clayton, que se había parado a su lado.

—Mi secretario enviará a su correo la propuesta que me hicieron mis socios de Inglaterra y que yo rechacé —cuando dijo eso, vio el ceño de Clayton fruncirse.

—Sé lo que vale mi producto y quieren exclusividad; ustedes deciden si lo compran o no. Ahora este negocio depende de mi esposa.

—Sr. Calder, no nos precipitemos, podemos hablar luego con calma —Clayton intentó mediar.

Vio el rojo ir subiendo por el rostro de su padre y sabía que, cuando se enojaba de esa manera, estaba a punto de estallar y no le salían ni las palabras.

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