Los párpados de Lucille parecían que pesaban toneladas; aun así, logró abrirlos en una diminuta rendija.
Todo le dolía, no le habían tenido nada de compasión al sacarla a rastras del auto.
Los recuerdos seguían como fragmentados en su cabeza adolorida, todo sucedió demasiado rápido.
Estaban llegando a la salida del rancho cuando arrojaron de repente desde los lados de la carretera una barrera de clavos y pinchos que pasaron por debajo de las gomas, reventándolas.
Iban tan rápido que el conductor perdió por completo el control y lo siguiente que vio fue el mundo dando vueltas, cayendo por una de las cunetas e impactando finalmente contra un árbol.
El accidente fue brutal, su cabeza se estampó contra el asiento delantero y se quedó en negro quizás por unos segundos.
El sonido de disparos fue lo que la hizo reaccionar y mirar a través del cristal delantero lleno de grietas.
La sangre se le congeló en el cuerpo al ver caer el cuerpo del chofer, mientras un tipo lo atacaba sin piedad.
Intentó incorporarse, pero gimió de dolor al llevarse la mano a una costilla, parecía que tenía algo fracturado.
La puerta a su lado se abrió de repente y Lucille ahogó un grito.
—Shh, no hagas ruido, vamos, vamos…
Era el señor Hermes, su mano estaba llena de sangre y la frente estaba abierta con una fea herida, pero el hombre parecía el más enfocado aquí.
Sin embargo, cuando Lucille intentó salir, casi gritó de nuevo.
Uno de sus pies había quedado atrapado bajo el asiento delantero, que se deformó durante el impacto.
—Estoy atrapada… —masculló con las lágrimas de dolor rodando y el corazón a mil.
—Sostenga esto y dispare al que se acerque a mi espalda…
Hermes le pasó una pistola y luchó por liberarle el pie.
Pero una sombra cubrió de repente la espalda del secretario y Lucille se llenó de pánico.
Apuntó y disparó con las manos temblándole.
Hermes enseguida escuchó el gemido de dolor y el impacto de un cuerpo cayendo a su espalda.
El pie de Lucille ya estaba liberado, pero ella se había quedado en shock, con las manos temblándole tanto que casi dejó caer el arma.
—Démela, ya, ya…
Quiso jalarla para salir corriendo, pero estaban rodeados.
La puerta trasera del otro lado también fue abierta y una escopeta apuntó directo a Lucy.
—O bajas el arma o le vuelo los sesos…
El tipo miró a Hermes lleno de odio. Nadie le dijo que habría este nivel de peligro o jamás hubiesen aceptado.
—Yo creo que no te conviene matarla… —Hermes dijo con voz firme, su mente corriendo en busca de todas las escapatorias; sin embargo, no veía ninguna.
Habían sido sorprendidos de la peor manera.
—Y yo creo que hablas demasiado…
Escuchó una voz a su espalda, pero antes de girarse para defenderse, una pesada culata impactó contra la base de su cráneo.
Hermes cayó inconsciente, mirando por última vez a Lucille.
Había fallado por primera vez en su misión y posiblemente fuese la última.
—¡Han matado a Aurelio, voy a acabar con este infeliz! —El tipo que golpeó a Hermes estaba lleno de ira.
El cañón del arma bajó, pero en ese momento se escuchó una voz saliendo de entre los árboles cercanos.
—Ya basta, esos disparos pueden ser escuchados en otras partes de la hacienda.
Lucille también vio aparecer al hombre que se acercaba al lugar del accidente.

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