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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 76

Las risas masculinas llenaron la biblioteca, opacando el hecho de la interrupción casi grosera de Lilianne.

Caminó hacia Douglas y tomó el vasito de tequila de la mano de Georgia, que a duras penas disimulaba su enojo.

—Gracias por el trago.

De un solo golpe, Lilianne se tragó el shot de tequila.

Maldita sea… Tuvo que aguantarse las lágrimas cuando aquello bajó por su garganta, prendiéndola como un volcán.

—Joder, sí que tiene ovarios la Sra. Calder. Mire que eso hace llorar hasta al más valiente —Luke se metió con ella mientras se seguían burlando.

Douglas la atrajo sobre sus piernas, sentándola de lado sobre uno de sus muslos.

—¿Estás bien?

—De maravilla…

Se lo dijo con un ojo medio cerrado y el otro abierto, con la voz ronca y arrugando toda la cara.

Douglas no pudo resistirse a reírse y darle un beso cariñoso en el mentón.

Lily estaba aquí para reclamarlo delante de esa mujer.

Su corazón latía como loco de lo feliz que se puso.

—Bueno, ¿entonces dejamos la reunión de negocios para otro día?

—No, no hace falta, Sr. Leonard, vine precisamente a eso.

Lilianne puso en marcha su plan.

—Mi amor, Hermes envió los informes de los Wagyu Fullblood que le habías pedido. Me dijo que no respondías el celular, aquí los tengo…

Douglas vio que le enseñó su propio móvil.

En ningún momento mandó a pedir ningún informe a Hermes, pero, sin preguntar, adivinó muy bien las intenciones de Lily.

Se recostó con una sonrisa en la esquina de la boca.

—Entonces no tengo nada más que explicar —sus dedos tamborilearon sobre el reposabrazos.

—Sr. Clayton, está frente a la persona que más sabe sobre mis Wagyu Tajima. Mi esposa negociará con usted ese asunto.

El corazón de Lily dio un vuelco ante la responsabilidad que Douglas le había dado de repente.

En el pasado, ella hacía muchas cosas por él en la hacienda, pero Douglas jamás la llevaba a las negociaciones, menos a los grandes negocios en Sídney.

Él le estaba diciendo en silencio que intentaba reparar todos sus errores del pasado.

Lilianne giró la cabeza hacia esos hombres rudos y los vio mirándola con curiosidad y, a la vez, con incredulidad.

Sabía que la veían solo como una muñequita linda que Douglas mostraba, no como una mujer con cerebro capaz de conocer sobre una de las razas más valiosas y complejas de ganado.

—Bueno… —Clayton, de repente, se sintió incómodo.

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