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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 78

Leo la miró con una decepción que había ido creciendo en el fondo de su pecho.

Amaba a su hija hembra, la que tanto buscó con su esposa, pero habían estropeado a Georgia.

Le daban lo que quería, estaba acostumbrada a solo señalar algo y obtenerlo.

De los bolsos, las ropas, los viajes y hasta las amigas… pasó a desear algo peor.

Los maridos de otras mujeres.

—Vete a tu habitación y mejor ni salgas hasta que esos invitados se marchen…

Leo se lo dijo, su voz más baja y fría.

Incluso peor que cuando tuvo su ataque de ira.

—Papá, estás siendo injusto conmigo… Sé… sé que quieres esas reses… pero soy tu hija… yo no…

—¡Márchate de una puta vez, Georgia, y ya deja el drama! ¡Luke, llévatela a su cuarto y que se ponga hielo para que mamá no la vea así!

Clayton tomó el control al ver que su padre no se sentía bien.

Todos eran agradables, suaves en apariencia, pero rudos cuando había que serlo.

Luke agarró el brazo de su hermana y casi se la tuvo que llevar a rastras para sacarla del despacho.

Leo cayó de golpe en el asiento, respirando pesado y desabrochándose los botones de la camisa.

—Papá, cálmate, toma agua… ¿Mando a buscar la pastilla de la presión?

—No, no, solo agua…

Le dijo sosteniéndose la cabeza y cerrando los ojos.

Maggie se iba a enojar por haber golpeado a Georgia.

Maldita sea, que a él le había dolido más que a ella.

Pero Leo reconoció esa mirada en ella que había visto en otras tantas mujeres dispuestas a tentarlo para destruir su relación con Maggie.

Una zorra destruye matrimonios.

Georgia traería problemas.

Del tipo que él no podía solucionar con solo unos billetes.

El vaso de agua fue puesto delante de él y lo tomó en varios sorbos.

Una notificación llegó de repente y Clayton la revisó en su móvil.

Leonard McCall subió la mirada y, al ver el ceño fruncido de su hijo mayor, supo que la cagada de Georgia iba a mayores.

—¿Qué sucede? Dime y no te calles nada.

—El Sr. Calder me envió la propuesta que le hicieron los ingleses y, joder… hay unos doscientos mil por encima del precio que nos ofreció su mujer.

Clayton suspiró con fuerza y fue a servirse un whisky porque de verdad le hacía falta.

Que su hermanita mimada básicamente le había jodido el negocio del año a su familia.

—No te preocupes, aún tenemos margen, podemos ofrecerle un poco más de lo que ella pidió…

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