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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 55

El sonido húmedo de los besos resonó en la habitación casi a oscuras.

Los gemidos escaparon de los labios de Lilianne cuando Douglas comenzó a lamerle y besarle el cuello, bajando por su escote.

Llevaba un vestidito de noche muy fácil de manejar.

Solo tuvo que bajarle los tirantes y sus pechos quedaron a merced del lobo feroz.

Douglas aspiró la colonia impregnada en su piel, rodeó el duro pico del pezón con la lengua y abrió la boca para chupar profundamente aquella aréola café.

Sostuvo el peso del otro seno con una mano, amasándolo y estirando el pezón entre sus dedos mientras su boca mamaba como un hombre hambriento.

—Mmnn… Shhh…

Los dedos de Lilianne se enredaron en su cabello y la espalda femenina se arqueó para darle de comer.

Douglas gruñía excitado, moviendo las caderas contra el colchón para estimular su polla y buscar algo de consuelo al deseo que lo ahogaba.

La temperatura subía y su boca pecaminosa dejó un rastro húmedo en el estómago de su esposa cuando le alzó el vestidito de satén y fue a por sus panties.

Cuando Lilianne sintió el aliento caliente y la estimulación de un dedo sobre su clítoris, comprendió que aquello no era uno de esos sueños húmedos que tenía a cada rato con Douglas.

¡Esta era la realidad!

—Espera, Douglas… Shhh… Ah…

Echó la cabeza hacia atrás, estremeciéndose.

Douglas le hizo la braga a un lado y lamió todo su coño de arriba abajo como un helado.

El jugo se escurría desde su vagina y, por mucho que quiso cerrar los muslos, no se pudo resistir a esas chupadas tan deliciosas.

Lilianne miró hacia abajo para ver su rostro enterrado entre sus piernas.

Douglas la miró por encima de su monte de Venus, con los ojos de acero brillándole de lujuria.

Veía sus labios moverse mientras chupaban su clítoris y le daban jaloncitos que le sacaban gemidos calientes.

La lengua se movía sobre su botón de placer como en una escena lasciva hecha solo para ella.

Cada pliegue de su vagina se contraía y, cuando su magnate agregó dos dedos de golpe, Lilianne tuvo que llevarse una mano a la boca para no gritar.

Una sonrisa llena de seducción apareció en la boca de Douglas mientras se la cogía con los dedos, creando chapoteos pervertidos.

Sabía cómo tocarla para llevarla al orgasmo.

Lamió su vientre y metió la lengua en su ombligo.

Abajo, sus dedos hacían tijeras en el interior de Lilianne y buscaban, en forma de gancho, ese punto que la haría derretirse contra él.

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