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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 56

Douglas estaba en el séptimo cielo.

La verdad es que había empezado solo con una probadita, pero quien no arriesga no gana y ya había metido el churro dos veces en su mujer.

Le dio besitos en la barbilla y salió lentamente de su interior, gruñendo bajo y satisfecho, aunque bien que se le podía poner dura de nuevo solo con algunas chupaditas de Lily.

—Douglas, ya bájate de encima de mí…

Douglas se tensó y, claro… ya había regresado Lilianne, la mujer de hielo.

Se incorporó un poco, apoyado en sus manos, pero aún entre sus piernas.

La vio llevarse las manos a la cara en un gesto de frustración, como si se arrepintiera de su arrebato repentino.

Douglas frunció el ceño. Realmente, no era eso lo que deseaba.

Pero ¿qué esperaba? ¿Acurrucarse juntos y ser la familia feliz?

Sabía que seguía apostando por el deseo que Lilianne sentía por él, pero no solo quería sexo… Él quería de nuevo su amor y su confianza.

—No tienes que poner esa cara como si hubieses cometido el gran error de tu vida —dijo con amargura.

—Es que lo sigo cometiendo… —Lilianne se quitó las manos de la cara y lo miró desde la almohada.

Aún medio desnuda, sudada, tan hermosa que le cortaba el aliento, pero a la vez tan distante.

—Solo es sexo y, cuando pasan los cinco minutos…

—Ey, admito que me digas lo que quieras, pero añádele más minutos a eso, que no soy uno de esos precoces… —aclaró Douglas de inmediato.

Lilianne se quedó con todo el discurso sobre la filosofía de la vida atorado en la garganta.

Dios, este hombre no tenía arreglo.

—Bien, diez minutos…

—Fueron como veinte y solo porque temo que vengan las niñas…

—¡Douglas!

—Lily… —La tomó por los hombros y volvió a acostarla en la cama, inclinado sobre ella.

—Quedamos en que seríamos follamigos. Es solo sexo mañanero y ahora puedes desayunar feliz…

—Yo no acepté esa estupidez, Douglas… —Lilianne no podía creer tanta desfachatez.

Le manoteó las manos y lo empujó por el pecho para sentarse.

—Maldita sea, de nuevo sin condón…

Miró el desastre lechoso que se escurría entre sus piernas.

—Que sepas que mi empresa ya no tiene problemas económicos. Puedo criar a otros gemelos…

—Márchate de mi puto cuarto de una vez y, de paso, de mi casa —le dijo entre dientes, señalando la puerta.

Douglas le dedicó una sonrisa ladeada que luego se convirtió en algo más profundo.

—Me gusta mucho la mujer en la que te has convertido… o, más bien, la que no pude ver desde el inicio. Me encantas, Lily… No me rendiré, cariño…

LA CHISPA DE MI VIDA 1

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