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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 53

Ambos se precipitaron por el pasillo y Douglas empujó a Lilianne detrás de él para entrar primero por si había algún peligro.

Pero, gracias a Dios, solo encontraron a Sophie llorando mientras Sienna la abrazaba en su cama.

—Sophie soñó con hombres malos…

Sienna levantó los ojos, también enrojecidos, y Lilianne corrió hacia la cama para consolarlas a las dos.

Se habían comportado demasiado bien después de los sucesos del día.

El rato con Douglas las mantuvo entretenidas, pero ahora aparecían los problemas.

—Vamos a mi cuarto. Duerman con mamá. No hay ningún hombre malo aquí, miren…

Lilianne les señaló el cuarto y ellas miraron a todos lados para asegurarse.

La presencia de Douglas en cuclillas junto a la cama fue lo que terminó por darles su ancla.

—Papá es muy fuerte. ¿De verdad creen que voy a dejar que alguien les haga algo?

Douglas les enseñó los bíceps y eso fue todo. Era obvio que nadie podría superar a su padre.

Sophie fue la primera en echarle los brazos al cuello, aún sollozando.

Lilianne cargó a Sienna y él a Sophie.

Con los pijamas de corazoncitos a juego, se las llevaron a la alcoba de Lilianne.

Las dos niñas insistieron en dormir juntas y más cerca de la zona de la ventana.

Lilianne quedó de espaldas a la puerta y aún había un buen espacio en el colchón.

Sin embargo, Douglas ni siquiera tenía la esperanza de que lo invitaran.

—Estaré afuera haciendo guardia, no tengan miedo… —les dijo mientras iba a apagar las luces, pero entonces…

—Papá, no duermas afuera. Ven con nosotras, quédate al lado de mamá…

La voz ronca de Sophie se lo pidió con unos ojitos tan lastimosos que Douglas titubeó, solo que el rostro contraído de Lilianne le daba una clara advertencia.

—Creo… que será mejor que vigile afuera…

—No, mami, dile a papá que duerma con nosotras. Los papás duermen juntos…

Sienna sacó una de sus filosofías de la vida.

Lilianne a veces se preguntaba qué diantres les enseñaban en el colegio.

Tanto insistieron que no quedó otra opción.

—Ven, Douglas, hay espacio —suspiró mientras se movía un poco más hacia las niñas.

Douglas casi quiso aullar como un lobo a la luna, pero contuvo su expresión de felicidad.

Subió a la cama y abrió el edredón para meterse debajo, porque el aire acondicionado estaba a tope.

Al sentir el calor de la cama, el aroma de ella impregnado en las almohadas y las sábanas, y a su familia unida, su corazón golpeó con fuerza.

Lilianne estaba maldiciendo la pegajosidad de sus hijas.

Las abrazó cuando se apagó la luz y ellas se acurrucaron.

—Papito, acércate más…

Lily se tensó. Sophie seguía poniéndola en bandeja de plata ante Douglas.

—Ya duérmanse, niñas… —masculló entre dientes, pero era demasiado tarde.

Un cuerpo enorme y caliente se pegó a su espalda y a sus nalgas.

El largo brazo de Douglas pasó por su cintura y se extendió hasta acariciar lentamente, sobre el edredón, a sus dos mocosas.

—Buenas noches, mis bebés…

Douglas las abrazó tan fuerte que Lilianne quedó como la lechuga en medio de un sándwich.

Lo peor… Ella se sentía tan protegida, tan cálida, rodeada por él y sus niñas.

Se quedó dormida sin siquiera darse cuenta.

En la oscuridad, Douglas escuchaba la respiración calmada de las tres y bajó la nariz hasta la nuca de Lilianne para besar su cuello y respirar su aroma.

Aquello era una intimidad que iba más allá del sexo. Era su verdadero hogar.

*****

Al día siguiente, Lilianne estaba tan agotada que ni siquiera sintió el movimiento en la cama alrededor de las siete de la mañana.

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