Lily se quedó muda de tanto descaro mientras Douglas se subía el pantalón muy tranquilo.
El cerebro de ella aún no había procesado la locura de ese hombre.
—Mi polla está disponible para ti las veinticuatro horas del día. Estemos enojados, felices, tengas la regla o las hormonas revueltas… Cuenta con mi soldado…
—¡Márchate! ¡Márchate de una puta vez, Douglas Calder!
Al fin reaccionó, señalando la puerta del baño y mirando enojada a esa sonrisa ladeada, como si estuviese golpeando algodón.
Douglas se cerró la portañuela y le dio una última mirada que se tornó seria.
—No estoy jugando, Lilianne… Esta vez no podrás sacarme tan fácilmente de tu vida. Este “error”… estoy dispuesto a repetirlo todas las veces que quieras, toda la vida si así lo deseas. Solo tú y yo…
Douglas se marchó finalmente del baño, donde había entrado por una herida y del que salió con la herida todavía sangrando, pero con una sonrisa como si se hubiese ganado la lotería.
Y no se trataba únicamente del sexo.
Aunque ella no terminó aceptando nada... Tenía esperanzas.
Lilianne ni siquiera se había dado cuenta de todo lo que había susurrado en su oído, de cómo lo había llamado como cuando hacían el amor antes.
Ella aún lo amaba.
Estaba desilusionada por lo que había hecho, herida y quería castigarlo.
—Voy a soportar todas tus malditas pruebas, mi amor. Por ti lo aguantaré todo hasta que vuelvas conmigo… —susurró Douglas mientras salía al jardín para tomar aire.
Joder, qué bien le vendría un tabaquito en aquel momento.
Se pasó una mano por el cabello que ella le había desordenado y llamó a Hermes para saber cómo había manejado las cosas.
Se giró hacia la pared de cristal y sus ojos brillaron al verla pasar sin mirarlo, toda cabreada y obstinada.
Pero con solo saber que aún llevaba su "sustancia" bajándole entre los muslos y escurriéndole del coño, él estaba más que satisfecho.
Que lo utilizara y fingiera que solo era sexo…
Él le demostraría que iba muy en serio con la recuperación de su familia.
Y no por gusto lo llamaban el mejor domador… Ya tenía a las becerras domadas; ahora le faltaba su vaquita berrinchuda.
*****
—Idiota, tonta, puta. Eres una puta calentona sin orgullo…
Lilianne iba insultándose a sí misma y no se abofeteaba porque aquello ya sería maltrato animal.
Ni siquiera quería mirarlo y, si pudiese borrar la última media hora… quizás lo haría…
Se asomó rápidamente al cuarto de las niñas, que seguían durmiendo.
Sophie ya había sudado la fiebre y abrazaba a Sienna.
Lilianne fue rápidamente a su habitación para lavarse.
Bajo la ducha de agua fría, su cuerpo aún se estremecía cada vez que se pasaba las manos por la piel sobreexcitada.
Era como una presa contenida durante cinco años que ahora explotaba sin control.
Cuando sus dedos tocaron toda la corrida viscosa que Douglas había dejado atrás, un gemido traicionero escapó de su boca.
Cerró los ojos, maldiciéndose de nuevo.
Ni muerta se estaba pensando esa locura de follamigos.
—Lo último que te faltaba era que ese bruto volviera a dejarte embarazada…
Bufó mientras terminaba de limpiarse, y mira que él se había esmerado en rellenarla como a un pavo.
Pero recordar la deliciosa sensación de su miembro viniéndose… ese cosquilleo tan rico que hacía vibrar su vagina…
—Puta perdida…
Soltó un resoplido cuando salió del baño y entró en el vestidor buscando qué ponerse.
Ocuparía la mente con sus hijas, en cómo protegerse ahora que estaban en peligro.
No era el momento de pensar en sus problemas amorosos. Un problema que ahora incluía a un tercero.
Lilianne se quedó mirando el suelo mientras se ponía las pantuflas viejitas.
Había traicionado por completo a Oliver.

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