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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 50

«Wazowski, no ordenaste tu papeleo anoche…»

Las risotadas infantiles resonaban en el enorme salón frente al televisor gigantesco.

Douglas se sentía como si fuera él quien estuviera metido dentro de un sueño o un cuento de hadas.

Creyó que tendría que esforzarse mucho para ganarse un lugar en la vida de sus hijas, pero Lilianne siempre lo mantuvo como un recuerdo increíble para ellas.

Lo convirtió en un héroe frente a sus ojos, no en un padre que las abandonó o las dejó de lado.

Ella jamás envenenó a sus hijas contra él y, aunque se las ocultó desde el inicio, Douglas al menos le agradecía eso.

—¡Mira, mira, papito! Ahora le van a estirar así la boca, oooo, a esa lagartija…

Sienna estaba sentada en su muslo derecho y Sophie en el izquierdo, los tres embutidos en un enorme puf sobre el suelo, casi acostados.

Así los observaba Lilianne sin hacer ruido desde la entrada hacia la cocina.

Se llevó los platos de la pasta con pollo que había preparado Douglas.

Sus hijas, que eran tan tiquismiquis a la hora de comer, se habían abalanzado como dos lobitas hambrientas sobre el plato.

Hasta a ella le dio mucha nostalgia volver a probar su sazón.

Douglas no era un experto en la cocina, pero las pastas le quedaban de rechupete.

Lilianne negaba con la cabeza al ver el brillo en los ojos de sus gemelas: estaban perdidas de amor por un padre al que acababan de conocer.

Pero, con Douglas allí, las niñas parecían haber olvidado los sucesos de aquel día.

Era como si con él se sintieran tan a salvo que el peligro hubiera sido solo un sueño.

Lilianne se sentía igual, aunque no quería admitirlo.

La película se acabó y llegaron los créditos.

Lilianne iba a salir de su escondite para sentarse en el sofá cuando escuchó la conversación.

—Papito… ¿de verdad no te vas a ir nunca más a la Luna? Es que…

Sophie habló bajito y bajó la cabeza, retorciéndose las manos.

Lilianne sabía que algo la avergonzaba y preocupaba.

—Dime, bebé. Dime qué sucede, no tengas miedo…

Douglas le habló con una voz tan paciente que Lily jamás le había escuchado, mientras le apartaba el flequillo hacia un lado de la frente.

—Los niños dicen que somos unas mentirosas… Que nuestro papá nos abandonó como el papá de Rocío…

Lilianne apretó los puños.

Definitivamente, las cambiaría de escuela.

—Sí, sí, y John me empujó en gimnasia. Dice que soy una sin padre y que su papá es el mejor… —Sienna aprovechó para dar también sus quejas.

Lilianne de repente descubrió cosas que sus hijas no le habían dicho.

Quizás porque siempre que intentaban hablar sobre Douglas ella cambiaba la conversación.

—Pues yo voy a ir personalmente a la próxima reunión de su colegio, porque ustedes no son unas niñas sin padre. Siempre voy a estar a su lado, bebés, para siempre…

El nudo en la garganta de Lilianne se apretó.

La escena de las niñas abrazando el cuello de Douglas e irradiando esa felicidad que hacía mucho no veía en ellas resultaba tan cálida.

Por mucho que hubiera intentado desempeñar el papel masculino, ahora se daba cuenta de que Douglas realmente les hacía mucha falta a Sienna y Sophie.

Bajó la cabeza y se limpió una pequeña lágrima traicionera que se le había escapado.

Pero su salvajito agregó repentinamente:

—Y la próxima vez que te vuelva a empujar un chico, vienes y me lo dices, que el papá de John va a aprender a educar a su hijo o tendrá que usar prótesis de por vida…

—¿Por qué va a usar prótesis, papá? —preguntó Sienna, la curiosa.

—Pues, para los dien…

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