Sostuvo con fuerza sus nalgas mientras embestía desde abajo con movimientos rápidos y cortos.
Estaba a punto, maldición…
Sus bolas palpitaron con fuerza y su verga se sacudió dentro de aquel apretado terciopelo.
Con el semen ya en la punta, Lilianne recuperó de repente algo de lucidez.
—Adentro no… Espera… Douglas… ¡Ahh!
El gruñido animal y el calor que salpicó contra su cérvix le hicieron comprender que era demasiado tarde para preocuparse por eso.
Douglas le empujó la polla hasta el fondo y le llenó el coño de tanto semen que goteó al suelo de baldosas.
—Ssshhh, joder… Imposible no venirme dentro de ti, mi amor…
Jadeó como si hubiese corrido un delicioso maratón, colocándola con cuidado sobre el lavabo sin perder la conexión entre sus cuerpos.
Una sonrisa sexy se dibujó en la esquina de su boca mientras acariciaba la nariz de Lilianne con la suya.
—Te tomas una de esas pastillas del otro día, como cuando creías que estabas embarazada y yo pensé que tu padre me mataría a palos…
Sonrió pensando que recordar el hermoso pasado juntos los acercaría más, pero aquello solo despertó por completo la mente calenturienta de Lilianne.
Cuando Douglas volvió a inclinarse para darle los besitos después de un rapidito tan delicioso que lo había dejado con ganas de más… ella giró la cabeza hacia un lado.
El magnate se quedó congelado, pasando de la lujuria a la incredulidad.
¿Qué había hecho mal ahora?
—Lily…
—No pienses que este revolcón cambiará algo entre nosotros —lo miró de nuevo y esta vez había regresado la mujer que no se dejaría convencer únicamente por unas migajas.
—Pero…
—Pero nada, Douglas. Ambos somos adultos. Estábamos emotivos, calientes, follamos y punto. Solo fue un error. Ahora puedes sacarme tu cosa…
Lo empujó, tomándolo por sorpresa y haciendo que el miembro se deslizara fuera de su vagina y un hilo lechoso se escurriera fuera de ella.
Douglas se quedó de pie como un idiota.
Ahora mismo se sentía como la mujer que acababa de ser usada por el cabrón que solo quería sexo.
Con mucha tranquilidad, Lilianne tomó papel sanitario y se limpió entre las piernas, recogiendo después su vestido del suelo.
Una sonrisa amarga apareció en los labios de Douglas y se convirtió en una risa ronca llena de desilusión y sarcasmo.
—Así que ahora juegas a ser ruda…
Su expresión se tornó fría cuando Lilianne alzó los ojos hacia él.
Podía verla temblando; sin embargo, ella mantenía su postura de indiferencia.
—No estoy jugando a nada…
—Sí, sí estás jugando, nena, y yo quiero entrar en ese juego…
Lo dijo de repente, arrebatándole el papel de la mano y limpiándose la polla con tranquilidad.
—Quieres un follamigo, alguien que te coja cuando tengas ganas. Está bien, me apunto, porque es obvio que tu noviecito no lo está haciendo bien…
—Deja a Oliver fuera de esto, Douglas —Lily comenzó a enojarse con el cambio de situación.

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