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NO QUIERO TU AMOR POR LÁSTIMA romance Capítulo 44

Cuando sus hombres informaron a Douglas de que ese maldito Ford seguía la misma ruta de Lily y las niñas, no dudó en lanzarse como un loco a la persecución.

Gracias a Dios, se le había ocurrido ponerle un localizador al Mercedes de Lilianne cuando lo vio en el estacionamiento de la empresa, antes de salir de las instalaciones.

Ella lo llamó en el mismo instante en que él estaba a punto de marcarle para advertirle.

Todo sucedió demasiado rápido, pero Douglas fue más veloz.

De nuevo, su cuerpo reaccionó con esa chispa de adrenalina ante el peligro.

Los gritos y el llanto de las niñas se clavaban en el cerebro del papá magnate como dagas afiladas.

Si las perdía… No quería ni pensar en qué sería de él; enloquecería por completo.

Cuando las tuvo a salvo en sus brazos, se juró que jamás pasarían por otra situación semejante.

Entró al fin en la casa que se moría por visitar desde hace mucho tiempo, aunque hubiese preferido que en otras circunstancias.

—Tráelas a su habitación…

Lilianne desactivó las alarmas y lo hizo pasar por el amplio hall.

Todo estaba decorado en blanco y crema, con algunos detalles en colores más vivos.

La decoración y los muebles eran muy de su estilo y exudaba una calidez que Douglas extrañaba demasiado.

—Yo te ayudo a cargar a una…

—Lily… Sigues temblando; yo las llevo. Dime por dónde.

Douglas observó su rostro aún desencajado, con los ojos rojos y las manos temblándole en el aire.

Ella asintió, tragó saliva y le pidió que la siguiera al segundo piso.

La casa estaba en silencio y solo se oían sus pasos sobre la alfombra.

Douglas no podía evitar mirar a su alrededor, contemplando el hogar que ella había creado lejos de él, mientras la amargura seguía creciendo en su pecho.

—Aquí está su habitación…

Abrió una puerta blanca con corazoncitos rosas y entraron en el cuarto de las gemelas.

Los muebles estaban duplicados, exactamente iguales, aunque se notaban más la organización y la delicadeza en un lado de la habitación que en el otro.

Justo como el carácter de cada una.

Douglas las colocó, con ayuda de Lilianne, sobre la misma camita.

—Le diré a Hermes que consiga a un buen pediatra y que venga a verlas… —dijo preocupado al tocar la frente de Sophie y encontrarla algo caliente.

Lilianne enseguida se hizo cargo.

—Solo están exhaustas por el susto. Llamaré ahora mismo a su pediatra particular, no te preocupes. Sophie suele tener fiebre ligera cuando se estresa mucho por algo…

Se lo explicó mientras intentaba quitarles de los dedos la americana de Douglas, pero ninguna de las dos la soltaba, ni siquiera dormidas.

—Niñas… Vamos… Ya están a salvo...

Lilianne les acarició las manos, con un nudo en la garganta y les quitó la prenda con suavidad, inclinada sobre la cama.

Douglas se hizo a un lado, mirando la escena y queriendo saber cómo ayudarla más, pero lo cierto era que no sabía nada sobre el cuidado de niñas pequeñas.

—Voy a hablar con los hombres que traje… ¿Te importa si los ubico alrededor de la mansión, en puntos donde no molesten?

—No. Haz lo que creas mejor. Al final de este pasillo hay una mesita; ábrela y las contraseñas de algunas alarmas están ahí, por si tienes que abrir la cochera o algo…

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